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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 642

El corazón de Melisa dio un vuelco.

Bajó la mirada y dijo:

—Perdón, Nicanor. Solo creí que podía resolverlo yo sola.

Aunque Nicanor tenía el rostro endurecido, no tuvo corazón para hablarle feo a su hermana.

Sabía que ella aún no se recuperaba emocionalmente del todo y que sus intenciones eran buenas; simplemente no quería que las personas que le importaban salieran lastimadas.

Nicanor suspiró, la tomó del brazo, la atrajo hacia él en un abrazo y le palmeó la espalda.

—Desde que me ayudaste a acabar con el hijo de Aureliano Valdez, supe que eras increíble. Nosotros, como tus hermanos mayores, terminamos siendo protegidos por ti. Ahora nos toca cuidarte.

Melisa levantó la vista y respondió en voz baja:

—Ustedes ya me hicieron sentir lo que es tener una familia de verdad.

Él la abrazó con más fuerza.

Momentos después, el ruido de los disparos se escuchaba cada vez más cerca.

Nicanor la miró fijamente.

—Deja que mis hombres vean lo chingona que es mi hermana. Vamos a salir de aquí a punta de plomo.

Melisa sonrió.

Tomó la pistola que él le ofrecía, checó el cargador y cortó cartucho.

Sus movimientos eran precisos y naturales, como si lo hubiera hecho miles de veces.

Nicanor bajó corriendo primero para someter a los enemigos que asomaban por las escaleras.

La orden que le había dado a los miembros de la familia Costa era defenderse sin ser una amenaza letal.

Al fin y al cabo, las personas en esa mansión eran figuras influyentes; una masacre no les convenía ni a él ni a su hermana, pues la familia Costa se convertiría en el blanco perfecto de represalias.

Por eso, a menos que fuera de vida o muerte, los hombres de élite evitaban disparar a matar.

La mayoría de los guardias de seguridad perdían las ganas de pelear en cuanto quedaban inmovilizados; al final del día, solo eran empleados, no kamikazes.

Melisa se movía detrás de Nicanor, usando las columnas y las paredes como escudo.

En cuestión de minutos, neutralizó a tres guardias.

Sus ángulos de tiro eran tan precisos que los enemigos no sabían ni por dónde les llegaban las balas; si ella quisiera, cada disparo sería mortal.

Sin embargo, se contuvo bastante e incluso le salvó el pellejo a un par de miembros de la familia Costa.

Al principio, algunos de los hombres de Nicanor estaban molestos.

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