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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 643

Un guardia de seguridad, escondido detrás de una enorme escultura de madera africana, vio el instante exacto en que Nicanor cambiaba el cargador y notó que Melisa estaba de espaldas, concentrada en cubrir otro flanco.

Con una mirada cargada de malicia, levantó su arma y apuntó directo hacia la chica indefensa y la espalda de Nicanor.

Justo antes de llegar, había recibido un mensaje de su jefe: un millón de pesos de bono extra si mataba a la mujer.

—¡Muérete! —Iba a apretar el gatillo sin dudarlo.

En esa fracción de segundo, un rugido salvaje y ensordecedor retumbó justo a sus espaldas.

Sintió en la nuca una ráfaga de aliento caliente con un fuerte olor animal.

El guardia se congeló.

Con los labios temblando, bajó lentamente el arma que apuntaba a Melisa e intentó girarse para disparar hacia atrás.

Melisa volteó a mirar.

Se escuchó el crujido seco de unos huesos rompiéndose.

El grito del guardia quedó ahogado a la mitad.

Sawa aplastó el cuerpo inerte con su pesada pata, levantó la cabeza y sacudió su melena manchada de sangre entre el humo de la pólvora.

Sus ojos dorados escanearon el pánico en el pasillo.

La irrupción del león detuvo por completo el tiroteo.

Tanto los sicarios de la familia Costa como los guardias sobrevivientes quedaron intimidados por aquella fuerza bruta.

El hombre dejó de moverse y el león soltó el cadáver.

Sin ningún interés en comerse a su presa, se abalanzó directamente contra los guardias más cercanos.

Los hombres de Nicanor, asustados por los movimientos del enorme animal, casi le disparan.

Al darse cuenta de que esto era una venganza personal del león, Melisa gritó a todo pulmón:

—¡No le disparen! A

A los hombres de la mafia no les importó mucho la orden, pero Nicanor la repitió de inmediato:

—¡Nadie dispare!

Sin más remedio, los hombres tuvieron que esquivar al animal como pudieron.

Pronto se dieron cuenta de algo increíble: el león tenía un objetivo claro y sabía perfectamente quiénes eran los enemigos.

Ignoró por completo a los colombianos y se enfocó únicamente en despedazar a los guardias de seguridad.

Como ya no tenían balas, los guardias solo podían correr despavoridos mientras la fiera hacía una masacre dentro de la casa.

Después de que Sawa acabara con varios, Melisa supo a dónde se dirigía.

¡A la bodega!

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