Dani, al recibir la llamada, se recargó junto a la ventana y echó un vistazo hacia el estudio que le pertenecía exclusivamente a Melisa, justo en la casa de enfrente. Con las cortinas a medio cerrar, solo se alcanzaba a ver a la chica sentada frente al escritorio, concentrada en varias computadoras.
—¿No pueden bajar el video? —preguntó él.
—No, ya chequé —respondió Gonzalo Elguea del otro lado—. Le pusieron varios candados de seguridad al foro y la programación está muy cabrona. Una persona normal no podría hackearlo. ¿Le pediste ayuda a alguien más?
La mirada de Dani seguía clavada en dirección a la habitación de Melisa, y murmuró:
—Es mi novia.
Nadie más que ella se molestaría en ayudar de esa forma, y solo ella seguía sorprendiéndolo una y otra vez.
Gonzalo cayó en cuenta al instante.
—Ah, claro, la técnica de hackeo de tu chica es de primera, casi se me olvida. —Aunque luego señaló—: Pero si ese güey se mete al quite, no creo que Melisa aguante. Es muy chingona, pero comparada con él, no es seguro que gane.
—Si ya lo sabes, ve a ayudarla —ordenó Dani.
—Sin problema.
***
En el estudio de Melisa.
Varias pantallas brillaban con luces diferentes; una de ellas monitoreaba en tiempo real el tráfico y los registros de acceso en el panel de control del foro.
Los delgados dedos de Melisa tecleaban a toda velocidad. Ya había previsto que el enemigo pediría refuerzos, así que había montado un sistema de defensa de múltiples capas: desde trampas engañosas hasta «bombas lógicas» programadas para contraatacar al menor contacto.
Tras un rato de aparente calma, apareció una fluctuación casi imperceptible en el flujo de datos de la pantalla de monitoreo, como un hilo de humo intentando esquivar los puntos de detección más externos del firewall.
—Ya llegó —murmuró Melisa, con una sonrisa de quien tiene todo bajo control.
No bloqueó la amenaza de inmediato; a propósito, dejó abierta una «puerta trasera» que parecía un simple descuido. Como un cazador que coloca una trampa, esperó en silencio a que la presa se adentrara.
No estaba subestimando a su oponente, pero el método de intrusión del atacante era sumamente ingenioso, explotando vulnerabilidades en la arquitectura del foro que ella ni siquiera conocía.
El intruso esquivó sus comandos en total silencio y se infiltró en la zona de defensa media. Sin embargo, no se apresuró a atacar la cadena de seguridad central. Como un virus, empezó a replicarse y a infiltrarse, intentando obtener primero los permisos de administrador para luego derrumbar todo el sistema de defensa desde adentro.
Para cuando Melisa se dio cuenta de sus intenciones, sus pupilas se contrajeron. Se concentró aún más, manteniendo la frialdad, y sus dedos comenzaron a volar sobre el teclado.
Las luces de advertencia en la pantalla comenzaron a parpadear como locas. Las áreas de defensa central pasaron de verde a amarillo, ¡y algunos puntos ya brillaban en un rojo alarmante!
Fantasma estaba devorando los permisos de administración del foro poco a poco. Si caían, el video desaparecería en un abrir y cerrar de ojos.
Una fina capa de sudor cubrió la frente de Melisa, quien se mordía el labio inferior sin darse cuenta mientras sus dedos se movían tan rápido que apenas se veían.
Intentó construir nuevas barreras y programar códigos de respuesta específicos, pero el ataque enemigo era como un parásito que se aferraba con fuerza, disolviendo sus defensas sin parar.
¡La situación empeoró de golpe y el colapso total parecía inminente!
Melisa ajustó la estructura rápidamente para intentar mantener el terreno, pero la diferencia técnica le estaba cobrando factura y ya casi no podía resistir.
Fue entonces cuando un flujo de datos irrumpió en medio de la batalla, dejando a ambos perplejos.
Gonzalo, detrás de su pantalla, soltó una carcajada traviesa y tecleó con entusiasmo:
[Hola, eterno segundón.]
¡Antes de que Fantasma pudiera reaccionar, ese flujo de datos chocó de frente con el código extraño que estaba «disolviendo» la red de seguridad!

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