Gaspar, que había estado sentado en el sofá dejando que su esposa hablara y sintiéndose muy orgulloso de sí mismo, cambió de expresión drásticamente ante el tono tan rudo de Mateo Núñez. Al sentir que el éxito de su empresa le daba derecho a actuar con altivez, cuestionó directamente a Leopoldo Núñez:
—¿Por qué se ha vuelto tan maleducado?
Leopoldo tampoco le dirigió una buena mirada.
—Solo soy un viejo jubilado, yo no mando en esta casa.
Mateo miró a Gaspar y recordó las palabras de Melisa Serrano en el coche. Al ver a los dos culpables de que su hermana se perdiera, se llenó de asco.
—¡Lárguense de aquí!
Gaspar se puso de pie resentido, sin olvidar decirle a Melisa:
—Menos mal que en ese entonces fui firme con mi decisión y no me dejé influenciar por ti. Es ridículo que esos accionistas casi te hicieran caso para ir en contra de mis órdenes. ¿Sabes lo que piensan ahora? Este Grupo NovaTec realmente no puede funcionar sin mí. ¿Y qué si tú, una mocosa, sabes un poco de medicina? Sigues siendo joven y sin experiencia. ¿Cómo iban a aceptar que entraras al Grupo NovaTec?
Gaspar caminó hacia Melisa y bajó la voz:
—Nunca obtendrás la herencia de tus padres. ¿Te atreves a competir conmigo? Prefiero destruirla antes que dártela, no te dejaré ni las migajas.
Esas palabras enfurecieron por completo a Melisa.
Entrecerró un poco los ojos y, de repente, se giró para darle una fuerte patada en la pierna a Gaspar.
El hombre maduro soltó un alarido de dolor y cayó al suelo. Todos se quedaron de piedra. La actitud de Melisa cambió de golpe; le puso un pie en el cuello a Gaspar, aplastando su frágil garganta.
El rostro de Gaspar se puso rojo al instante. Agarró la pantorrilla de Melisa con ambas manos, luchando por quitarse la pierna de encima, pero aunque era una pierna delgada, parecía pesar una tonelada. Un hombre hecho y derecho como él no podía moverla en absoluto.
Al ver que su esposo estaba a punto de asfixiarse, Camila Blanca se acercó de inmediato para detenerla.
—¡Melisa! ¿Qué crees que estás haciendo? ¡¿Vas a matarlo enfrente de todos?!
Intentó intervenir, pero en el instante en que sus dedos tocaron a Melisa, la chica le dio una fuerte bofetada con el dorso de la mano.
¡Pum!
El sonido fue seco, y el golpe no fue nada suave, dejando a Camila completamente aturdida.
—¡¿Me pegaste en la cara?!
—Deberías agradecer que estamos en Monteverde, donde hay buena seguridad. Si estuviéramos en mi territorio, te metería una granada directo en la boca.
—Ahora mismo parece una leona enfurecida —susurró Nicanor Núñez—. Hasta a mí me parece peligrosa.
Los ojos de Orfeo Núñez estaban llenos de cariño y admiración.
—Esa es la verdadera sangre pura de los Núñez.
Al final, Camila no tuvo más remedio que jalar a su hija y ayudar a Gaspar a irse de ahí.
Durante todo el alboroto, Claudia Blanca se mantuvo con la cabeza agachada sin decir una palabra. Antes de irse, levantó la mirada hacia Melisa. La belleza, el poder y la confianza natural de Melisa eran todo lo que ella envidiaba.
Melisa también la estaba mirando. Aunque Claudia lucía deslumbrante y cubierta de joyas, sus ojos estaban apagados y vacíos, como los de una muñeca hueca.
Claudia había pasado los mejores años de su vida compitiendo constantemente con otras mujeres, tendiendo trampas a los demás para lograr sus objetivos. Finalmente había cumplido su sueño: casarse con el heredero de una familia poderosa de terratenientes. Él tenía dinero y poder, pero también apestaba a viejo y tenía la cara llena de manchas de la edad.
—Me equivoqué.
De repente, Claudia se soltó de la mano de Camila, tropezó y cayó de rodillas frente a Melisa.

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