Matías, con cara de pocos amigos, se limitó a disculparse con Dani y Melisa.
—Perdón, Luna sigue siendo muy inmadura.
Dicho eso, salió corriendo tras ella.
Dani le echó una toalla a Melisa sobre los hombros y la ayudó a salir del agua.
—Ve a cambiarte y date un baño de agua caliente. Sécate bien el pelo para que no te vayas a enfermar.
Mientras Melisa iba a las regaderas, Dani vio a un mesero acomodando unos postres y se le acercó.
—Joven, ¿podría pedirle a la cocina que preparen un té de jengibre con azúcar morena bien caliente? En un rato paso por él.
El muchacho asintió de inmediato.
Unos militares que pasaban por ahí escucharon cómo el famoso e imponente coronel se portaba tan atento y protector con la chica, casi como si fuera un padre. Abrieron los ojos de par en par y se miraron entre ellos con asombro.
¡Se notaba que Dani estaba loco por Melisa! Pedir un té de jengibre en pleno invierno para quitar el frío no era algo que a cualquier tipo rudo se le ocurriera así nada más.
¡Qué locura! ¡Era algo de no creerse!
En un rincón apartado del pasillo, afuera de los vestidores, se escuchaba el eco de una discusión a gritos ahogados.
—¡Luna! ¡¿Tienes idea del ridículo que acabas de hacer?! —La máscara de tipo educado de Matías se había hecho pedazos, dejando ver su impaciencia y frustración—. ¡¿Irte así, haciendo un berrinche frente a todos?! ¡Lo único que logras es quedar como una caprichosa!
Luna estaba empapada, su carísimo traje de baño no dejaba de gotear, tenía el cabello pegado a la cara y el maquillaje escurrido, lo que hacía resaltar aún más su expresión llena de furia.
Antes de salir huyendo, había alcanzado a ver cómo Dani corría a tapar a Melisa con una toalla. ¡Y el hombre que tenía enfrente, en lugar de apoyarla, la había seguido solo para regañarla!
Le dio un manotazo para soltarse del agarre de Matías y le gritó con voz chillona:
—¡Matías! ¡Soy la heredera de Grupo Aris! ¡En mi vida me habían humillado de esta manera! ¡Esos oficiales de quinta y sus noviecitas burlándose de mí! ¡Y tú, en lugar de defenderme, vienes a echarme la culpa!
—¡No es que no te defienda! ¡Pero era solo un juego! Si Melisa no armó un escándalo, ¿por qué tú sí? Tenemos que pensar en el panorama general.
—¡Melisa, Melisa, siempre la maldita Melisa! —chilló Luna, interrumpiéndolo. Todo el coraje que había tragado esa noche estalló—. ¡¿Aparte de pedirme que me aguante y que piense en el negocio, sabes hacer otra cosa?! ¡Ni siquiera tuviste los huevos para meterte a jugar conmigo! ¡Eres una maldita rata adicta! ¡No le llegas a Dani ni a los talones! ¡Con razón mi papá no te quiere soltar el control de la empresa ni nos deja casarnos!
Sus palabras dieron justo en el punto más débil de Matías. Lo que más le reventaba era que lo compararan con Dani; le aterraba que la gente pensara que era inferior a él, y que Luna se lo echara en cara era la gota que derramaba el vaso.
La verdad es que ya estaba harto de sus aires de princesa. ¡Justo en este momento tan delicado, sus caprichos podían echar a perder todos sus planes!
Necesitaba calmarse, y también le venía bien que Luna sufriera un poco las consecuencias para que pusiera los pies en la tierra.
Mientras tanto, Luna seguía en traje de baño. El viento nocturno la hizo temblar de frío al golpear su cuerpo empapado, pero tenía la cabeza tan llena de odio que apenas le importó.
¿Por qué tenía que pasar por esto? ¡Ella era la futura dueña de los Aris! Debería ser el centro de atención, la estrella de la noche. ¡No el hazmerreír de todos, vagando por ahí como perro mojado!
La rabia y el resentimiento le quemaban el pecho. Se detuvo debajo de una estructura adornada con luces de colores puestas para la temporada navideña. A través de sus lágrimas, el brillo de los focos parecía burlarse de ella.
—¡Hasta ustedes se ríen de mí! —bramó, perdiendo por completo el control, y descargó su coraje dándole una tremenda patada a la base de metal que sostenía las luces.
El golpe metálico retumbó.
Había pateado con tanta fuerza que la estructura se tambaleó bruscamente, tensando los cables que la rodeaban. Se escuchó un chasquido eléctrico; al parecer, uno de los cables estaba viejo o mal instalado, porque se reventó soltando una lluvia de chispas.
Acto seguido, un reflector gigante que iluminaba el área y estaba sujeto en lo alto del poste, emitió un rechinido espantoso. El pesado aparato se soltó de sus anclajes y, arrastrando cables rotos y cortando el viento, cayó en picada directo hacia la cabeza de Luna.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA