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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 747

Lobo apretó los dientes y ordenó fuego de cobertura escalonado, permitiendo que Estela arrastrara a Dani mientras retrocedían.

Melisa, moviéndose como un fantasma en el flanco del escuadrón, neutralizaba con precisión clínica a los tiradores más peligrosos del enemigo, aliviando la brutal presión sobre el equipo.

Incluso la arrogante Estela tuvo que tragarse su orgullo y admitir que sin la destreza de Melisa, habrían sido aniquilados antes de dar diez pasos.

—¡Melisa, vámonos de aquí! —rugió Lobo.

Sin embargo, Melisa ni siquiera giró la cabeza. Siguió disparando para proteger su escape.

—Llévenselo a él. Alguien tiene que cubrir la retaguardia —respondió con voz firme.

Su mente táctica ya había calculado las probabilidades: la única manera de darle a Dani el tiempo necesario para sobrevivir era quedándose ella atrás.

Ni los mercenarios, con sus armas pesadas, ni Estela tenían la movilidad y la agilidad necesarias para hacerlo.

Lobo, que ya se había resignado a ser el último hombre en caer, sintió una admiración absoluta. Sin perder tiempo en discusiones inútiles, se unió a la maniobra de distracción para dispersar el fuego enemigo y abrirles paso hacia otra ruta de escape.

El ejército de Palmeras dividió su potencia de fuego para perseguir los distintos frentes, lo que redujo drásticamente la presión sobre el grupo de Estela.

Melisa los mantuvo a raya hasta el último segundo. Cuando vio que los soldados preparaban explosivos de alto poder para volar toda la zona donde ella estaba, no se arriesgó más. Usó sus granadas de humo restantes para sembrar el caos, se fundió en las sombras de la selva y salió disparada en la misma dirección por la que había huido Estela.

El clima inestable del trópico desató una tormenta torrencial. El barro y el agua borraron casi instantáneamente cualquier rastro que Estela pudiera haber dejado.

Cerca de la medianoche, Melisa detuvo su carrera de golpe. Sus ojos escrutaban la oscuridad con frialdad. Tenía amplia experiencia en la selva, y la lluvia no debería impedirle rastrear a los que iban delante.

Pero las huellas de Estela y su grupo habían desaparecido por completo.

No habían seguido la ruta de extracción planeada. Avanzó un par de metros en silencio y, a través del repiqueteo de la lluvia, captó el sutil sonido de un movimiento antinatural.

De inmediato, se lanzó al suelo y rodó. Una bala silenciada le rozó el hombro y se hundió profundamente en el tronco de un árbol cercano.

Al ver el punto de impacto, Melisa localizó a su objetivo al instante. Se ocultó en la maleza, aguardando pacientemente. Cuando el francotirador salió de su escondite para confirmar la baja, Melisa desenvainó el cuchillo táctico de su pierna y le rebanó los tendones de los tobillos.

Antes de que el grito de dolor siquiera pudiera salir de la garganta de la mujer, Melisa se abalanzó sobre ella y le clavó el cuchillo directo en la yugular. Le arrebató el rifle de francotirador, saqueó las municiones y se alejó.

Capítulo 747 1

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