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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 783

—Lo… lo siento —jadeó Karina, con el rostro enrojecido por la asfixia.

Nicanor la soltó y, con evidente repulsión, sacó un pañuelo para limpiarse la mano.

—Nos apegaremos al plan original. Y si piensas traicionarme, adelante. Las pruebas de nuestro pequeño trato aparecerán mágicamente en el escritorio de los Colombo.

Temblando de pies a cabeza, Karina abrió la puerta y salió a paso acelerado.

La noticia de que la familia Costa iba a realizar un intercambio de armas en el Puerto Marea Roja, y que además le estaban comprando mercancía a la fábrica del Señor X, llegó a manos de los Colombo gracias a Karina.

Sin embargo, dudaban de la información. Les parecía absurdo que Nicanor le revelara un secreto de tal magnitud.

Solo quedaba esperar para ver si era cierto.

Esa noche, Teresa durmió en la habitación de Melisa. Cuando Nicanor fue a buscarla, apestaba a alcohol. Melisa salió a recibirlo.

Dani Soto estaba junto a ella en su silla de ruedas y se apresuró a decir:

—Melisa no tiene la culpa de nada, así que ni se te ocurra reclamarle.

Nicanor jamás se atrevería a alzarle la voz a su hermana menor; simplemente se sentía frustrado e incomprendido.

—¿Por qué la llevaste contigo?

—Para que viera cómo es tu mundo —respondió Melisa.

—Al mostrar su rostro, la pusiste en la mira de decenas de personas —suspiró él con impotencia.

Lo que no sabía era que Melisa buscaba exactamente ese efecto.

—Entonces, ¿vas a dejarla ir? —preguntó ella—. Si vuelve a su vida y desaparece de la tuya, no correrá ningún peligro.

El rostro de Nicanor se ensombreció y su respuesta fue la de siempre:

—No puedo hacer eso.

Melisa se encogió de hombros.

—Solo creo que no estás en condiciones de manejar tus negocios y una relación al mismo tiempo. Tomar distancia un rato sería lo mejor.

Si él decidía escucharla o no, ya era problema suyo.

Nicanor clavó la mirada en la puerta cerrada y, tras un largo silencio, dio media vuelta y se marchó.

Dani tomó la mano de Melisa y la acarició suavemente.

—¿Estás segura de que quieres meterte en la relación de esos dos?

—Solo estoy empujándolo a tomar la decisión correcta —dijo con voz suave—. Si la obliga a quedarse, la va a perder para siempre. Es mejor darles espacio para madurar; tal vez así todavía tengan una oportunidad.

Dani rió por lo bajo.

—Ya les demostré mi lealtad. ¿Me dejarán recuperar mi puesto ahora?

Su intención era volver a controlar las finanzas, pero como ese rol ahora lo ocupaba la nueva amante de Salvador, él le dio una respuesta evasiva:

—Hablaremos de eso cuando el polvo se asiente, mi amor.

Un destello gélido cruzó la mirada de Karina. Sabía que en ese momento a nadie le importaba su futuro. Esa misma noche fue al territorio de los Costa. Su idea inicial era hablar con Nicanor, pero por accidente lo vio forzando a esa chica a besarlo frente a una ventana, con los ojos inyectados de deseo.

Karina se quedó de piedra, observándolos con odio.

Había perdido a la persona que más amaba y ahora caminaba por la cuerda floja. Creyó que con su belleza podría usar a Nicanor como salvavidas, pero terminó cayendo en su propia trampa y se enamoró de él.

Y él, en cambio, prefería a esa niñita insignificante que no tenía poder alguno.

Era patético.

—Es una noche preciosa, ¿no crees? —La voz de Melisa la sobresaltó cuando salió de las sombras empujando a Dani.

Bajo la luz de la luna, Karina notó las facciones duras y varoniles del esposo de Melisa; de cierta forma, su presencia imponía más que la del propio Nicanor.

Dani la miraba con frialdad por haber interrumpido su romántica velada.

Melisa miró de reojo la ventana donde las cortinas acababan de cerrarse.

—¿Hacemos un trato? Yo puedo darte a Nicanor.

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