La sonrisa de Salvador se congeló, transformándose rápidamente en una mueca de intriga.
Karina abrió los ojos de par en par, mirando a Nicanor con incredulidad antes de que su rostro se iluminara con éxtasis.
Al escuchar su nombre, la mirada de Teresa se perdió en el vacío. Observó a Nicanor, incapaz de asimilar que ni siquiera le hubiera dedicado un último vistazo. El dolor le desgarró el alma.
Por muy decidida que estuviera a dejarlo, verlo elegir a otra mujer sin un segundo de duda le dolió tanto que le costaba respirar.
—¿Estás seguro? —preguntó Salvador, intentando provocarlo—. ¿No quieres pensarlo mejor? Esta belleza se ve bastante triste.
—Dije que elijo a Karina —Nicanor dio un paso al frente y los pistoleros elevaron sus armas—. Déjala ir. Los Costa están dispuestos a entregarles tres cuadras en la zona norte como intercambio. ¿Te parece un trato justo?
Salvador sonrió complacido.
—No hay prisa.
Empujó a Teresa al borde del barranco.
—¿Lo escuchaste? Tu gran amor acaba de elegir a nuestra reina de belleza. ¿Vas a saltar tú sola o quieres que te dé un empujoncito?
El viento azotó el rostro de Teresa mientras contemplaba el abismo bajo sus pies. Luego, girándose hacia Nicanor, pronunció con frialdad:
—Hasta aquí llegamos. Yo te libero y tú me liberas. Ya no te debo nada.
Sin decir más, dio un paso atrás, dejó que sus pies perdieran el suelo y su cuerpo cayó al vacío.
Aun sabiendo que había un equipo de rescate esperándola abajo y que saldría ilesa, el corazón de Nicanor se detuvo al ver la resolución en su rostro mientras caía. Un pánico atroz e inexplicable se apoderó de él; fue en ese preciso instante cuando sintió que la había perdido para siempre.
Hizo el amago de dar un paso al frente, pero el grito de uno de sus hombres lo hizo reaccionar:
—¡Esa mujer ya está muerta! ¡Entreguen a la chica!
Nicanor recuperó la compostura y se obligó a mantener la mente fría. No podía arruinar el plan que tanto tiempo llevaba preparando.
Solo entonces Salvador le hizo una señal a sus hombres para que empujaran a Karina.
—Qué hermosa y pura historia de amor acabamos de presenciar. ¡Felicidades a la parejita!
Karina se refugió en los brazos de Nicanor, exultante. Aunque su lado racional le recordaba que todo era parte del plan, en el fondo sentía que realmente había una oportunidad de quedarse con él.
Los Colombo celebraban la victoria. No solo habían conseguido tres valiosos territorios de los Costa, sino que habían comprobado que Nicanor era un simple iluso cegado por las faldas.
—Ese viejo decrépito de Aureliano cometió el peor error de su vida al elegirlo. Hoy los desangramos.
Uno de los matones le preguntó a Salvador:
—¿Crees que Karina nos traicione y nos consiga la contraseña de verdad?
—Enterramos a su hermanito en nuestro patio trasero. A menos que quiera morir y que desenterremos los huesos del niño para dárselos a los perros, hará lo que le pedimos.
—Yo me encargaré de explicarle la situación a tu madre, así que no te preocupes por ella. Y ya hablé con el señor Danis para arreglar lo de la universidad. Podrás vivir la vida que siempre quisiste, pero bajo una nueva identidad. Esa es la única manera de que Nicanor nunca logre encontrarte.
Teresa, que se había mantenido firme durante tanto tiempo, finalmente se quebró y lloró desconsoladamente abrazada a Melisa.
Sabiendo por todo lo que estaba pasando, Melisa le acarició la espalda y la consoló en silencio.
Tras unos minutos, Teresa logró limpiar sus lágrimas y recuperar el aliento.
—Gracias, Melisa —dijo mirándola fijamente—. Te juro que seguiré diseñando para Comercial Novierra. No te voy a fallar.
Melisa asintió.
—Mantente en contacto.
Poco después de que Teresa partiera, Aureliano se encargó de enviarle la noticia a Nicanor de que no habían logrado atraparla.
Melisa y Dani estaban sentados en el sofá cuando el viejo jefe le preguntó a la joven:
—¿No tienes miedo de que se vuelva en tu contra por culpa de esa chica?
Melisa respondió con una frialdad matemática:
—Aceptaré cualquier reclamo o insulto. Él es mi hermano mayor; si su juicio está nublado, es mi deber tomar las decisiones difíciles por él. Solo quiero asegurar su felicidad.

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