Al salir del Registro Civil, el sol del atardecer estaba en su punto perfecto, bañando los escalones con un resplandor dorado.
Melisa empujaba suavemente la silla de ruedas de Dani mientras descendían por la rampa. Sus sombras se alargaban a sus espaldas, fusionándose en una sola.
En la puerta los esperaba la familia Núñez casi al completo, a excepción de Nicanor. Vasco Soto también estaba allí. Ambas familias vestían trajes formales, y todos llevaban flores y regalos para colmarlos de felicitaciones.
—Hermanita, te deseo toda la felicidad del mundo —dijo Mateo mientras ponía un hermoso ramo en las manos de Melisa. Luego, dirigiéndose a Dani con un tono de advertencia, agregó: —Que mi hermana se case contigo en estas circunstancias es un sacrificio enorme. Ella está haciendo todo esto por ti, ¿te queda claro?
—Lo sé, Mateo —respondió Dani, solemne y totalmente serio—. Le entregaré todo lo que esté a mi alcance, incluyendo mi propia vida.
Al escuchar a Dani llamarlo "Mateo" con tanta naturalidad, el hermano mayor sintió una punzada de incomodidad, pero no pudo agregar nada más.
Suspiró, y palmeando el hombro del coronel, dijo: —Les deseo lo mejor.
Orfeo no parecía tener ningún reparo con aquel enlace. Con una cálida sonrisa, le entregó una partitura a Melisa: —Esta era la melodía que planeaba tocar en mi propia boda. Pero me di cuenta de que su armonía refleja mucho mejor tu historia. Es tu regalo de bodas; espero que no te parezca poco, hermanita.
Melisa le respondió con afecto: —¿Quién no sabe que una composición tuya vale su peso en oro?
Orfeo la abrazó, acariciándole el cabello. —Para cuando celebren la ceremonia formal, ya no tendré un regalo mejor que darles.
—Yo sí lo tengo —intervino Leopoldo—. El gran regalo que este abuelo le dará a su nieta, debe entregarse el día de la gran celebración.
Luego se dirigió a Dani: —Quiero ver una boda espectacular. Quiero que me demuestres tu compromiso, ¿entendido?
—Entendido, abuelo —Dani asintió y, enseguida, miró a Vasco Soto—. Abuelo.
Vasco se acercó, se inclinó para abrazarlo y, con voz grave, le susurró: —Solo quiero que seas inmensamente feliz.
Dani supo leer el profundo arrepentimiento y la tristeza que su abuelo cargaba. Le dio un par de palmadas en la espalda y murmuró: —Gracias.
Leopoldo tomó la iniciativa: —He preparado una comida íntima en casa, consuegro. Vamos a compartir y celebrar a esta joven pareja.
El grupo regresó a la residencia de los Núñez. Esa noche, Leopoldo ordenó lanzar un espectacular show de fuegos artificiales sobre el amplio jardín. Toda la familia se reunió para disfrutar del espectáculo.
Orfeo sostenía una tableta haciendo una videollamada con Nicanor, asegurándose de que no se perdiera ni un segundo del momento.
Rodeado de risas y alegría, Dani sacaba su acta de matrimonio a cada instante para mirarla, rozando con sus dedos los bordes. Cualquiera podía notar el enorme valor que aquel papel tenía para él.
Orfeo bromeó: —Si sigues acariciando así esos papeles, los vas a desgastar antes de la boda.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA