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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 792

Con los documentos de identidad que Renato les entregó, Melisa empujó la silla de ruedas de Dani y entró al salón principal del Registro Civil.

El sol de la tarde se filtraba por las puertas de cristal, proyectando manchas de luz sobre el suelo.

Debido a que era un día laborable, no había demasiada gente. Solo algunas parejas comunes esperaban su turno, conversando en voz baja.

Al principio, su llegada no llamó demasiado la atención, hasta que la joven encargada de recepción levantó la vista. Su mirada recorrió el semblante serio y la presencia imponente del hombre en la silla de ruedas, y luego se posó en la mujer de rostro hermoso y actitud serena que iba tras él. La expresión de la joven se congeló por un segundo.

Parpadeó un par de veces, como si dudara de lo que veía. Después, sus ojos se abrieron desmesuradamente y el pequeño letrero que sostenía cayó sobre el escritorio con un ligero sonido.

—¿U-ustedes son...? —balbuceó, con la voz temblando por la emoción. Su mirada saltaba entre Dani y Melisa, para finalmente detenerse en el rostro de él.

Aunque lucía un poco más pálido y delgado que en las imágenes de las noticias, esos rasgos definidos e inconfundibles eran imposibles de olvidar.

Al escuchar la conmoción, una mujer madura que organizaba expedientes en el mostrador contiguo levantó la cabeza. Se ajustó los anteojos, dio un vistazo y quedó paralizada. De inmediato se puso de pie, con un movimiento tan brusco que derribó su propia silla.

—¡¿Señor Soto?! —exclamó la mujer con voz incrédula, mirando de inmediato a Melisa.

Dani asintió levemente. —Venimos a registrar nuestro matrimonio. Disculpen las molestias.

La simple presencia de ambos hizo añicos la tranquilidad del lugar.

De inmediato, todas las miradas, desde el personal hasta el guardia de seguridad, se concentraron en ellos.

En el pasado, a Dani no le agradaba ser el centro de atención, pero hoy estaba encantado de que todo el mundo fuera testigo de que se casaría con Melisa.

Melisa le sonrió amablemente a la joven que estaba roja de emoción. —Así es, venimos a casarnos. ¿Dónde podemos tomar un número?

—¡N-no! ¡No es necesario sacar número! Tenemos un carril verde exclusivo para militares, podemos atenderlos de inmediato —reaccionó la recepcionista, despertando de su asombro. Hizo ademanes rápidos con las manos y rodeó el escritorio torpemente—. ¡P-por favor, síganme!

Aunque su voz sonaba aguda por la emoción, sus movimientos fueron muy ágiles. Caminó casi trotando para guiarlos, sin olvidar darse la vuelta para hacer gestos de "guarden silencio" al resto de la sala, aunque sus propios ojos brillaban con euforia.

La encargada de oficiar el trámite era una mujer mayor de semblante tranquilo. Al igual que el resto, los reconoció al instante. Un destello de profundo respeto cruzó su mirada y, aunque recuperó rápidamente la compostura, sus dedos temblaron levemente al recibir los documentos de ambos.

—Tomen asiento, por favor —dijo con un tono aún más afable de lo normal—. Muchas felicidades.

Dani se lo agradeció con total sinceridad.

Cuando la encargada finalmente les entregó en sus manos las relucientes actas de matrimonio, sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Señor Soto, señora Soto... —se corrigió a sí misma, con la voz cargada de emoción—. ¡De todo corazón les deseo una vida llena de felicidad y prosperidad! ¡Nuestro país está orgulloso de tener hijos como ustedes, y para nosotros es un verdadero honor presenciar este momento!

Los demás empleados y las parejas que estaban en la sala, quienes se habían acercado poco a poco, comenzaron a aplaudir de forma espontánea. No era un aplauso ensordecedor, pero sí uno repleto de calidez y admiración sincera.

La joven de la recepción no pudo contenerse y, roja como un tomate, pidió en voz baja: —Coronel Soto, señora Soto... ¿sería posible... tomarnos una foto con ustedes? ¡Solo una! ¡Les prometo que no la publicaremos!

Melisa miró a Dani, consultándole con la mirada.

Él asintió casi imperceptiblemente. Ese día, estaba más que dispuesto a recibir el cariño de aquellos desconocidos.

Así, debajo del imponente escudo nacional, junto a la placa del Registro Civil, quedó plasmada una fotografía muy especial.

En ella, los empleados uniformados sonreían con entusiasmo, rodeando a Dani, quien desde su silla de ruedas sostenía su acta de matrimonio con una inusual sonrisa, y a Melisa, que lucía una expresión llena de ternura a su lado.

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