—¿No se te ocurrió pensar que, tal vez, yo dejé que me secuestraras a propósito? —Melisa seguía apoyada contra la columna, y la sonrisa irónica en sus labios desató un pánico abismal en el pecho de Matías.
Él era el más aterrado, pues, en el fondo, su cobardía nunca lo había abandonado.
En un ataque de nervios, le hizo un pequeño corte en el cuello a Melisa; no fue profundo, pero lo suficiente para que la sangre comenzara a brotar.
—¿Qué estás diciendo? ¡Es imposible que hubieras calculado todo esto! —gritó él.
Luna consideró aquello como los ladridos desesperados de una moribunda, y soltó un bufido de desdén:
—Nadie sabía de este plan salvo mis hombres. ¡No hay manera de que hayas averiguado nada!
Melisa jugaba sus cartas con paciencia para hacer tiempo. Calculaba que apenas necesitaría tres minutos más.
—No es fácil cruzar la frontera por estos días, ¿verdad? —preguntó con calma—. ¿De verdad crees que tus hombres lograron infiltrarse sin ser detectados?
Matías abrió los ojos de par en par.
—¿Fue Dani quien los dejó pasar? ¡Ese infeliz quiere matarme!
Lo primero que le cruzó por la mente fue que Dani intentaba exponerlos como traidores a la patria, pero Melisa lo miró con auténtica lástima.
—¿Te crees tan importante para nosotros?
Luna empujó bruscamente a Matías.
—No escuches sus mentiras. —Lo miró con crueldad—. Lo único que estás haciendo es ganar tiempo hasta que venga el rescate. ¡Pues déjame decirte, Melisa, que yo no me asusto con cuentos de hadas!
Alzó el garrote de púas y se lanzó con toda su fuerza directo a la cara de su enemiga.
—¡Voy a hacer picadillo esa cara y se lo mandaré en video a tu amado esposo! ¡Jajaja!
—¿Por qué crees que te cruzaste con la gente del Señor X en el restaurante japonés? —Sin pestañear frente al impacto inminente del arma, Melisa habló con voz firme. Justo a tiempo, Matías detuvo el garrote a mitad de camino.
—¡Qué estás haciendo! ¡Suéltalo! —bramó Luna, desquiciada.
Si bien Luna había perdido por completo la razón, a Matías aún le quedaba algo de sentido común. Fijó sus ojos en Melisa con pavor.
—¿Cómo sabes que nos cruzamos con la gente de X? ¿Acaso están trabajando con el gobierno y fue Dani quien te lo dijo?
—No —respondió Melisa—, yo orquesté ese encuentro.
Matías se quedó atónito.
—¿A qué te refieres?
Melisa ladeó la cabeza para mirar a Luna, quien seguía luchando detrás de Matías.
—Si no hubiese presionado a Aris convenciéndolos de que estaban a un paso de perder a su adorada heredera, jamás habrían mandado a este equipo de élite a rescatarla, ¿o me equivoco?
Aquellas palabras apagaron de golpe el ímpetu homicida de Luna. Involucraban a su padre y a su imperio. Apretó los dientes.

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