En las profundidades de la mina, la cámara principal había sido reacondicionada.
En el centro había una gran mesa de metal. En un extremo, una silla de respaldo alto estaba de espaldas a la entrada. Una figura ocupaba el asiento, cubierta por completo con una amplia capa negra. Su rostro estaba oculto tras una inexpresiva máscara de metal que solo dejaba a la vista una mandíbula de líneas duras.
Detrás del Señor X, a cada lado, había dos guardias corpulentos vestidos con equipo táctico negro y pasamontañas. Se mantenían erguidos, con un aura pesada y amenazante, como si fueran estatuas guardianas.
En las sombras de la cueva parecía esconderse una presencia aún mayor. El aire estaba impregnado de una tensión tan asfixiante que ponía los pelos de punta.
Iván Cordero entró en la sala escoltado por sus ocho mercenarios, seguido de cerca por Salvador Soto. Jéssica Morales se había quedado en el auto, afuera. En negociaciones de este calibre, no se permitía la presencia de personas con inestabilidad emocional.
Al entrar, la mirada afilada de Iván barrió el lugar. Un escalofrío le recorrió la espalda; tenía la constante y agobiante sensación de ser observado por innumerables ojos ocultos en la oscuridad.
Sin embargo, el lugar, rodeado de roca sólida y sin señal alguna, era ideal para negociar.
La disposición del enemigo parecía sencilla, pero era perfecta tanto para la defensa como para el ataque. Cada guardia estaba posicionado estratégicamente. Y el propio X, aunque permanecía inmóvil y sin emitir ninguna presencia intimidante, se había convertido de manera natural en el centro absoluto del espacio, como si tuviera el control total de todo.
Salvador también estaba asombrado. Aunque era un teórico militar, la presión que emanaba este lugar superaba a la que alguna vez había sentido frente al líder de Aris. Para alguien que solo conocía la guerra en papel, esto era intimidante.
Iván levantó una mano, ordenando a sus mercenarios que vigilaran la entrada, y caminó a paso lento hacia la mesa de metal junto a Salvador. Como un hombre acostumbrado a navegar en aguas turbulentas, logró mantener la calma y hasta forzó una sonrisa cortesana en su rostro.
"Es un honor conocerlo, Señor X", dijo Iván, deteniéndose a unos tres metros de la mesa e inclinando ligeramente la cabeza, adoptando una postura humilde. "Soy Iván Cordero, vengo en representación del señor Tanu Aris para negociar con usted".
"Habla".
Salvador se aclaró la garganta y, con una voz modulada y persuasiva, comenzó su discurso: "Monteverde se hace más fuerte cada día, pero internamente no es un bloque sólido. Hay tensiones fronterizas, problemas históricos sin resolver, conflictos internos... Hay un margen de maniobra inmenso. Usted ya ha establecido contacto con los altos mandos de Monteverde, y esa es una ventaja. Podemos hacer lo siguiente: usted mantiene y profundiza su relación con Monteverde, ganándose su confianza y obteniendo más recursos. Mientras tanto, nosotros en Aris, a través de nuestra red de contactos, especialmente con aquellos grupos que ven a Monteverde con recelo o ambición, podemos crear 'fricciones' en el momento adecuado para estimular la demanda".
A medida que hablaba, Salvador se iba emocionando más, como si estuviera pintando una obra maestra. "Por ejemplo, provocar incidentes en aguas en disputa, iniciar pequeñas escaramuzas en zonas ricas en recursos, financiar a líderes locales con sed de poder... ¡En cuanto aumente la tensión, la necesidad de armamento avanzado se disparará! Entonces, usted podrá justificar la salida de equipos obsoletos o en fase de prueba desde dentro de Monteverde, mientras que Aris ofrecerá servicios de armamento personalizado desde el exterior. ¡Trabajaremos juntos desde adentro y desde afuera, compartiendo los beneficios! No solo protegeremos nuestros mercados actuales, ¡sino que crearemos un imperio mucho más grande! ¡Nuestras ganancias se multiplicarán por diez, por cien!".
Al terminar de hablar, Salvador miró con expectación a X, esperando su reacción.
Estaba convencido de que esta propuesta sería irresistible para cualquier traficante de armas con un mínimo de ambición.

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