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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 812

En las profundidades de la mina, la cámara principal había sido reacondicionada.

En el centro había una gran mesa de metal. En un extremo, una silla de respaldo alto estaba de espaldas a la entrada. Una figura ocupaba el asiento, cubierta por completo con una amplia capa negra. Su rostro estaba oculto tras una inexpresiva máscara de metal que solo dejaba a la vista una mandíbula de líneas duras.

Detrás del Señor X, a cada lado, había dos guardias corpulentos vestidos con equipo táctico negro y pasamontañas. Se mantenían erguidos, con un aura pesada y amenazante, como si fueran estatuas guardianas.

En las sombras de la cueva parecía esconderse una presencia aún mayor. El aire estaba impregnado de una tensión tan asfixiante que ponía los pelos de punta.

Iván Cordero entró en la sala escoltado por sus ocho mercenarios, seguido de cerca por Salvador Soto. Jéssica Morales se había quedado en el auto, afuera. En negociaciones de este calibre, no se permitía la presencia de personas con inestabilidad emocional.

Al entrar, la mirada afilada de Iván barrió el lugar. Un escalofrío le recorrió la espalda; tenía la constante y agobiante sensación de ser observado por innumerables ojos ocultos en la oscuridad.

Sin embargo, el lugar, rodeado de roca sólida y sin señal alguna, era ideal para negociar.

La disposición del enemigo parecía sencilla, pero era perfecta tanto para la defensa como para el ataque. Cada guardia estaba posicionado estratégicamente. Y el propio X, aunque permanecía inmóvil y sin emitir ninguna presencia intimidante, se había convertido de manera natural en el centro absoluto del espacio, como si tuviera el control total de todo.

Salvador también estaba asombrado. Aunque era un teórico militar, la presión que emanaba este lugar superaba a la que alguna vez había sentido frente al líder de Aris. Para alguien que solo conocía la guerra en papel, esto era intimidante.

Iván levantó una mano, ordenando a sus mercenarios que vigilaran la entrada, y caminó a paso lento hacia la mesa de metal junto a Salvador. Como un hombre acostumbrado a navegar en aguas turbulentas, logró mantener la calma y hasta forzó una sonrisa cortesana en su rostro.

"Es un honor conocerlo, Señor X", dijo Iván, deteniéndose a unos tres metros de la mesa e inclinando ligeramente la cabeza, adoptando una postura humilde. "Soy Iván Cordero, vengo en representación del señor Tanu Aris para negociar con usted".

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