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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 885

Gracias a las técnicas de cultivo de Menta Andina que dejó su difunto esposo, Dora Manrique había logrado la libertad financiera. Hace un tiempo, había adquirido un espectacular departamento de lujo, amplio y con la mejor iluminación, en uno de los desarrollos inmobiliarios más exclusivos de Santa María.

Al enterarse de que su hija regresaba, Dora se había esmerado en decorar cada rincón del lugar para recibirlas.

En el momento en que Lulú cruzó la puerta, soltó un grito de asombro total:

—¡Guau! ¡Qué vista tan hermosa de la ciudad!

Teresa abrazó a su madre.

—Gracias por todo tu esfuerzo, mamá.

—Lo importante es que por fin están en casa. Eso es lo único que importa. —Con lágrimas en los ojos, madre e hija compartieron una enorme cena, poniéndose al día. Después de dudarlo bastante, Dora finalmente sacó a relucir el tema de Nicanor Núñez.

—¿Él sabe que volviste?

Teresa asintió.

—Sí, veníamos en el mismo vuelo.

Dora dejó escapar un largo suspiro.

—Si se atreve a molestarte, juro que dejaré mi orgullo de lado y buscaré a la señorita Serrano. Estoy segura de que ella puede intervenir para protegerte a ti y a la niña.

—No te preocupes, mamá. No quiero molestar a Melisa, acaba de dar a luz y necesita descansar. —Teresa intentó sonreír para tranquilizarla—. Puedo manejarlo, de verdad. No te angusties.

Dora asintió, aunque no muy convencida.

—¿Y qué vas a hacer con tu trabajo? ¿Vas a regresar a Comercial Novierra?

—Sí —afirmó Teresa—. Regreso como diseñadora principal, pero voy a necesitar un poco de tiempo para volver a familiarizarme con el mercado nacional.

Esa noche, Teresa durmió plácidamente. A la mañana siguiente, muy temprano, Dora llevó a Lulú para inscribirla en su nueva escuela. Normalmente, el proceso de admisión era burocrático y extremadamente competitivo; los trámites temporales debían tardar al menos un par de semanas.

Pero el mismo día que Dora se presentó, el director de admisiones apareció en persona para aprobar los papeles al instante, e incluso le garantizó que Lulú podría entrar a clases esa misma tarde.

Frente a tanta eficiencia repentina, el rostro de Dora no mostraba agradecimiento, sino recelo. Fue directa:

—¿Nicanor Núñez tuvo algo que ver con esto?

El director sonrió diplomáticamente y respondió:

—Señora, el nivel académico de esta institución es el más alto de toda Santa María. Pensando en el bienestar y futuro de la niña, sinceramente le aconsejo que la deje con nosotros.

Al no darle una respuesta directa, le estaba dejando en claro que si decidía irse por puro orgullo, la única perjudicada sería su nieta.

Tras pensarlo detenidamente, Dora completó el papeleo y le contó lo sucedido a su hija.

A Teresa no le sorprendió en absoluto y le pidió a su madre que no se preocupara más por ello. Apagó la pantalla de su celular mientras se encontraba en el lobby del edificio corporativo de Comercial Novierra. Los altos mandos estaban en una junta importante, por lo que fue la recepcionista quien la recibió.

Al darse cuenta de quién era, la trató con suma cortesía y la acompañó hasta una impecable y lujosa oficina.

—¿Te refieres al evento exclusivo de diseños para subasta que lanzaron el mes pasado?

La recepcionista asintió enérgicamente.

—Ese mismo. Fue una subasta privada de diseños de alta costura limitados para mujeres de la élite. Logró recaudar una fortuna, pero a la hora de confeccionar y entregar los vestidos, todo fue un desastre.

—Los gerentes regionales tienen sus propias agendas. Todos querían imponer a los diseñadores de sus equipos, pero sus diseños dejaron mucho que desear y terminaron ofendiendo a varias de nuestras clientas más importantes. Por eso están gritando. Si este evento arruina nuestra reputación en los círculos de la alta sociedad, el valor de la marca se irá en picada.

Teresa lo pensó por un segundo, se alisó el cuello del saco y dijo:

—Voy a ver qué sucede.

Realmente había pasado mucho tiempo desde que pisó Comercial Novierra. Muchos de los diseñadores eran rostros nuevos; aquel ambiente de trabajo colaborativo se había esfumado, reemplazado por personas serias que solo bajaban la cabeza y trabajaban en sus propios proyectos.

Quería volver a familiarizarse con la dinámica y ganar el respeto de su equipo. Sin dudarlo, empujó las puertas de la sala de juntas. A pesar de su interrupción, la discusión acalorada ni siquiera se detuvo.

Echó un vistazo rápido: los gerentes regionales y un par de directores creativos tenían caras de pocos amigos. Había bocetos esparcidos por toda la mesa y el ambiente estaba cargado de tensión.

En la cabecera de la mesa estaba sentada una mujer en sus treinta, de cabello corto y estilo impecable, con ojeras muy marcadas. Sostenía un manojo de bocetos y tenía el ceño tan fruncido que parecía a punto de colapsar.

Ella fue la primera en notar a Teresa. La mirada cansada de Rocío se iluminó al instante al reconocerla.

Teresa le dedicó una leve sonrisa. Caminó directo hacia la mesa, tomó el micrófono y el ruido ensordecedor de la estática logró por fin callar a la sala, atrayendo la atención de todos hacia ella.

—¿Quién te dio permiso de entrar? —espetó el hombre sentado a la izquierda. Su placa lo identificaba como Fabián Paredes, gerente de la región oriental. Parecía de unos cuarenta años, con el cabello perfectamente engominado. Golpeó la mesa con el dedo, usando un tono arrogante, como si estuviera regañando a una simple asistente—. Sal de aquí. Estamos en medio de una reunión ejecutiva.

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