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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 886

—Soy Teresa Manrique —dijo ella.

La sala de reuniones se quedó en silencio por un segundo.

Fabián Paredes parpadeó, confundido, cruzó miradas con la persona a su lado y esbozó una sonrisa burlona.

—¿Teresa Manrique? ¿Qué Teresa Manrique?

—La Diseñadora Jefa y Directora Ejecutiva de Comercial Novierra —respondió Teresa con un tono de voz absolutamente sereno—. ¿Necesitas que te muestre mi identificación para comprobarlo?

La sonrisa de Fabián se desvaneció, aunque no del todo. Se recostó en la silla y la miró de arriba abajo.

—Oh, así que tú eres la diseñadora que estuvo... exiliada en el extranjero por años, ¿eh? Creí que no te llamabas Teresa...

Su tono desprendía una arrogancia sutil y para nada disimulada.

—Pero bueno, si estás aquí de pie, asumo que de verdad tienes el puesto. Llegas en el momento indicado, porque los problemas que tiene la marca no son pocos. Para esta colección de alta costura, los bocetos de mi región son los mejores, pero la señora Rocío Santamaría se niega a aprobarlos.

Teresa se acercó a la mesa, tomó el montón de bocetos desordenados y los hojeó con indiferencia, frunciendo el ceño.

—¿Este diseño se llama 'Misterio Ancestral'? Está saturado de elementos recargados, exceso de rojo brillante y bordados sin sentido. No hay espacios en blanco, parece el mantel que usan las abuelas en Nochebuena. Ninguna mujer de la alta sociedad con un mínimo de buen gusto se pondría tu diseño.

El rostro de Fabián se puso rojo de la ira.

—¡Tú...!

—Y aquí están los diseños de la región norte —continuó Teresa, agarrando otra carpeta y dándole un vistazo rápido—. Son lindos, sí. Pero nuestras clientas tienen en promedio más de treinta años. Estás intentando venderles vestidos con un exceso de moños y encajes que solo usaría una adolescente, cobrando millones por ellos. ¿Cómo pretendes que estas mujeres justifiquen semejante ridiculez ante sus maridos?

El gerente de la región norte abrió la boca para protestar, pero no pudo articular palabra.

Teresa destrozó sin piedad los diseños de cada uno de los presentes y concluyó su crítica de forma letal:

—No me extraña que la señora Rocío no quiera aprobarlos. Intentar vender esta basura como alta costura y tomar las medidas de nuestras clientas basándose en esto, solo servirá para hundir la reputación de lujo que tanto le ha costado construir a Comercial Novierra.

—Rocío —Teresa se dirigió a la mujer en la cabecera—, ¿de dónde sacaste a esta gente? Si Melisa se entera de esto, va a enfurecer.

Rocío se masajeó la sien, claramente agotada.

—No tuve opción. El volumen de trabajo es inhumano, no podía sola.

La sala quedó en un silencio sepulcral. Los gerentes intercambiaron miradas incómodas. ¿Qué se creía esta mujer? ¿Acaso pensaba que por ser la nueva Directora Ejecutiva podía despedirlos? ¿De dónde sacaba tanta autoridad?

Fabián Paredes, perdiendo los estribos, empujó la silla y se puso de pie bruscamente.

—¡Si te sientes tan capaz, entonces encárgate tú de los diseños de ropa! ¡Yo renuncio! Estoy harto de trabajar horas extras para soportar a gente como tú. ¡Me largo a tomar vacaciones!

Teresa ni se inmutó.

—Si quieres renunciar, envía tu correo de dimisión al buzón de Rocío. Ella lo aprobará de inmediato.

La reunión terminó de la peor manera. Fabián fue el primero en salir, seguido de los otros dos gerentes, que, acostumbrados a hacer lo que querían, asumieron que la empresa colapsaría sin ellos y también se marcharon.

Rocío se levantó, suspiró con fuerza y abrazó a Teresa.

—Mírate nada más. Estás irreconocible. Fuiste tan implacable que tuve ganas de ponerme de pie y aplaudirte.

Teresa sonrió levemente y su tono se volvió serio.

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