Mauricio se quedó sin palabras ante su reclamo. Su pecho subió y bajó varias veces, como si tuviera un nudo atorado en la garganta que no lo dejaba respirar. Finalmente, soltó de golpe: "Emilia, piénsalo bien, ¿qué tan desastrosa es la situación de tu familia? ¿No es un pozo sin fondo? Desde que estamos juntos, jamás te he pedido un solo centavo, ¡y me la paso hablando maravillas de ti frente a mis padres! Habiendo hecho tanto, ¿todavía crees que no asumo mi responsabilidad?"
Tan pronto como las palabras salieron de su boca, él mismo se quedó paralizado. Parecía haberse dado cuenta de lo hirientes que sonaban justo después de decirlas. Sus labios temblaron, intentando retractarse, pero la expresión en el rostro de Emilia hizo que se tragara el resto de la frase.
Ella lo miró, y la poca calidez que quedaba en sus ojos se enfrió por completo.
"Mauricio, por fin lo dijiste."
"Emilia, no quise decir eso."
"Si te pidiera que nos casemos ahora mismo, ¿estarías dispuesto? Incluso si tus padres se opusieran, ¿les dirías que es tu vida, que tú tomas tus propias decisiones? ¿Estarías dispuesto a hacerlo?"
Mauricio se quedó petrificado en su lugar. Apartó la mirada del rostro de ella y luego volvió a mirarla. "¿Por qué sacas esto ahora? ¿No estábamos hablando de lo que pasó ayer?"
"Solo respóndeme". Emilia dio un paso al frente. "¿Estás dispuesto o no? ¿Serías capaz de decirles en su cara que no te casarás con nadie más que conmigo?"
Mauricio apretó con fuerza la bolsa del desayuno que llevaba en las manos. Su rostro era un poema de conflicto interno.
Finalmente, bajó la cabeza, con la voz apagada: "Emilia, tú lo sabes. Si logré establecerme en Santa María, si tengo casa y auto, es porque mis padres me lo dieron. Por supuesto que tengo que considerar su opinión. Dame un poco de tiempo, espera a que esté más estable, a que tenga más autoridad en mi trabajo... No me presiones ahora, ¿sí?"
Antes de que los asuntos sobre los padres de Emilia salieran a la luz, los padres de Mauricio apoyaban muchísimo su relación, y él mismo se mostraba muy decidido.
¿Pero ahora?
Esa vacilación demostraba que las palabras de sus padres habían calado hondo, y que él también había empezado a sopesar los pros y los contras, evaluando su realidad.
Emilia miró su cabeza gacha. Al ver esa actitud tan cobarde y dubitativa, de pronto sintió que todo era ridículo.
Ese hombre del que había estado enamorada ni siquiera podía pronunciar un firme "estoy dispuesto" sin tartamudear. Todo su compromiso existía únicamente de los dientes para afuera; a la hora de la verdad, no cumplía ni una sola promesa.
"De acuerdo". Retrocedió un paso. "No te presionaré".
Mauricio levantó la cabeza de golpe, con un destello de esperanza en los ojos.


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