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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 204

Nassira entró en su automóvil sin saber siquiera adónde iría.

Cerró la puerta y apoyó la frente sobre el volante.

Durante varios segundos permaneció completamente inmóvil.

Entonces, todas las emociones que había contenido durante el día terminaron por derrumbarla.

Rompió a llorar.

Las lágrimas caían una tras otra, empapando el volante mientras su respiración se volvía entrecortada.

Por primera vez comprendió que aquello que más anhelaba no era encontrar un esposo.

Era formar una familia.

Escuchar una voz infantil llamándola mamá. Sentir unas pequeñas manos abrazándola. Acunar a un bebé en sus brazos.

Y ese sueño, que hacía apenas una hora parecía imposible y ahora volvía a tener una pequeña esperanza gracias al trasplante de útero, también acababa de hacerse mucho más doloroso.

Porque el hombre en el que vio una esperanza, pertenecía ya a otra mujer.

Respiró profundamente varias veces.

No quería volver al departamento.

No quería que Samyra, ni Omar notaran que había estado llorando.

Necesitaba estar sola.

Sin darse cuenta comenzó a conducir.

Atravesó varias avenidas iluminadas hasta que llegó a un centro comercial.

Había restaurantes, cafeterías y pequeñas tiendas.

También un elegante bar con música en vivo.

Se quedó observando el letrero durante unos segundos.

—Esto está mal... —susurró.

En su educación, el alcohol siempre había sido haram. Prohibido.

Jamás había entrado a un lugar semejante.

Pero aquella noche sentía que todas las reglas que habían guiado su vida ya no conseguían sostener el peso de su tristeza.

Respiró hondo. Se acomodó el velo.

Y entró.

El ambiente era cálido. La iluminación tenue.

Un pianista acompañaba a un cantante que interpretaba una canción melancólica sobre personas solitarias que buscaban olvidar sus penas por una noche.

Alrededor, algunas parejas reían. Otros bebían en silencio.

Nadie parecía fijarse en ella. Eso le dio un poco de tranquilidad.

Se sentó en una mesa apartada.

Un mesero apareció casi enseguida.

—Buenas noches, señorita. ¿Qué desea ordenar?

Ella abrió la carta.

Las páginas estaban llenas de nombres que jamás había escuchado.

No entendía absolutamente nada. Sintió calor en las mejillas. Qué vergüenza.

—Quisiera... algo dulce.

El mesero sonrió con amabilidad.

—¿Le gusta el vino?

Ella dudó.

—Nunca he probado uno.

—Entonces puedo recomendarle una copa de Moscato. Es un vino suave y dulce. Suele gustarles a quienes nunca han bebido.

Nassira respiró profundamente.

—Está bien...

Cuando el mesero se marchó volvió a perderse en sus pensamientos.

"¿Qué estoy haciendo?"

"Si mi padre pudiera verme..." "¿Qué diría mi familia?"

Pero otra voz apareció en su interior.

"Solo por esta noche..." "Solo quiero dejar de sentir este vacío."

Minutos después el vino llegó.

Observó la copa durante largo rato.

El líquido dorado brillaba bajo las luces del bar. Con cierta inseguridad tomó la copa.

La acercó lentamente a los labios. Dio un pequeño sorbo. De inmediato hizo una ligera mueca.

Le ardió la garganta.

Tosió discretamente.

—No sabe tan bien... —murmuró.

Sin embargo, unos segundos después comenzó a percibir el sabor afrutado.

No era desagradable. Volvió a beber. Y luego otra vez.

La música seguía sonando.

Las conversaciones alrededor parecían cada vez más lejanas.

Poco a poco sintió cómo la tensión que llevaba en el pecho empezaba a aflojarse.

—Señorita Al-Sabah...

Levantó la vista. Frente a ella estaba el doctor Phillip Rezza.

Vestía de manera informal y llevaba una chaqueta oscura sobre los hombros.

Sonreía con evidente sorpresa.

—¿Puedo sentarme?

Ella soltó una pequeña risa.

—Doctor Rezza... jamás imaginé encontrarlo aquí.

Él tomó asiento.

—Creo que el sorprendido soy yo.

Ambos rieron. Por primera vez en todo el día, Nassira sintió que aquella risa nacía de forma sincera.

Phillip observó la copa.

—Jamás la habría imaginado en un bar.

Ella sonrió con cierta vergüenza.

—Yo tampoco.

Miró su propia bebida.

—Esto es completamente haram.

Phillip arqueó una ceja.

—¿Haram?

—Significa "prohibido".

Él soltó una carcajada.

—Entonces hoy ambos estamos rompiendo algunas reglas.

Levantó su vaso de whisky.

—Yo ya voy por el segundo.

Ella negó con la cabeza divertida.

—Eso explica por qué parece tan relajado.

El mesero apareció nuevamente.

Phillip pidió otro whisky.

Después ambos permanecieron unos segundos escuchando la música.

El silencio no resultó incómodo.

Al contrario. Era un silencio compartido. Tranquilo.

Finalmente, Phillip habló.

—La vi salir del área de ginecología esta tarde.

Nassira dejó de sonreír.

—Sí...

—Pensé en acercarme... pero parecía necesitar estar sola.

Ella bajó la mirada.

—Gracias.

Él respiró profundamente.

—¿Fueron malas noticias?

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