Phillip la vio alejarse.
Nassira soltó lentamente su mano, como si hacerlo también significara soltar todo lo que había ocurrido entre ellos esa noche.
—Yo… yo no sé qué decir —susurró, con la voz quebrada—. Pero si no me voy ahora, mi hermano me matará.
Phillip quiso detenerla.
Quiso decirle que no tenía que huir. Que no tenía que sentirse avergonzada.
Pero vio sus ojos llenos de miedo y comprendió que en ese momento ella no estaba huyendo de él. Estaba huyendo de todo aquello que había aprendido durante años.
De las reglas. De las expectativas. Del temor de haber decepcionado a todos.
Así que no la detuvo.
La dejó ir.
La observó caminar hasta la salida del edificio y subir al taxi que esperaba afuera.
El vehículo comenzó a alejarse lentamente, mientras Phillip permanecía de pie, mirando cómo desaparecía.
Entonces bajó la mirada.
Fue cuando lo vio.
El velo de Nassira estaba en el suelo, cerca del sofá, donde había caído sin que ella lo notara.
Phillip se agachó y lo tomó con cuidado.
No era simplemente una tela.
Acarició suavemente la tela entre sus dedos.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Nassira...
Pronunció su nombre en voz baja.
—Eres una mujer increíble.
Se quedó en silencio unos segundos.
Nunca había pensado que una persona pudiera llegar a su vida de esa manera.
Sin buscarla. Sin esperarla. Pero ahí estaba.
Una mujer que no solo le había despertado deseo, sino también admiración.
Miró nuevamente el velo entre sus manos.
—No quiero perderte.
***
Mientras tanto, en el departamento.
Omar despertó sobresaltado.
Se incorporó rápidamente en la cama.
A su lado, Samyra también abrió los ojos.
—¿Qué pasa? —preguntó preocupada.
Omar miró alrededor.
El silencio de la habitación le dio una sensación horrible.
—Nassira...
Se levantó y caminó rápidamente hacia la habitación de su hermana.
La puerta estaba abierta. La cama estaba intacta. Sus cosas seguían ahí.
Pero ella no.
El miedo comenzó a apoderarse de él.
Porque, aunque durante años había intentado protegerla, en ese momento entendió algo que le dolió profundamente:
No sabía realmente cuánto sufría su hermana. No sabía qué pasaba dentro de su corazón. Solo sabía que no estaba ahí.
—Voy a llamar a la policía.
Su voz salió tensa.
Samyra se levantó y se acercó a él.
—Omar...
—No, Samyra. No está bien. Ella nunca haría algo así.
Samyra negó suavemente.
—Deben pasar ciertas horas antes de iniciar una búsqueda.
Omar apretó la mandíbula. No podía quedarse tranquilo.
No cuando se trataba de su hermana.
Entonces escucharon la cerradura de la puerta.
Ambos se giraron.
Nassira entró lentamente.
Por un instante, Omar sintió que podía volver a respirar.
Corrió hacia ella.
—¡Nassira!
La tomó por los hombros, revisándola.
—¿Dónde estabas? ¿Estás bien?
Ella retrocedió ligeramente. No por miedo a él. Sino por miedo a la decepción en sus ojos.
Omar entonces la observó con más atención.
Su rostro estaba pálido. El maquillaje estaba corrido. Su cabello estaba desordenado.
Y algo faltaba. Su velo.
La expresión de Omar cambió.
—¿Qué ocurrió?
Nassira bajó la mirada.
Sus manos comenzaron a temblar.
—Yo...
No pudo continuar. Omar entendió.

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