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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 251

Todos quedaron completamente sorprendidos.

El silencio que siguió a la declaración de Zayn fue tan profundo que parecía haberse detenido el tiempo.

El Emir Rashid observó fijamente a su nieto menor. Durante un instante creyó haber escuchado mal.

Omar Al-Sabah fue el primero en romper el silencio.

—¿Acabas de decir... que deseas casarte con mi hija?

La incredulidad era evidente en su voz.

Zayn dio un paso al frente.

No había vacilación en sus ojos.

—Sí.

Respiró profundamente antes de continuar.

—Pero solo si Fahriye acepta libremente. No quiero que nadie la obligue. Esta decisión solo puede pertenecerle a ella.

Aquellas palabras hicieron que muchas miradas cambiaran.

Todos giraron lentamente hacia ella.

El enorme salón quedó envuelto en un silencio expectante.

Fahriye sintió que el peso de todas aquellas miradas caía sobre sus hombros.

Su corazón latía con fuerza.

Durante unos segundos fue incapaz de levantar la vista.

Apretó lentamente las manos.

"Esta es la única forma...", pensó con amargura.

"No importa que la verdad salga a la luz. En nuestro mundo, el rumor siempre viaja más rápido que la verdad."

Sintió un nudo en la garganta.

"El hombre que creí amar destruyó mi nombre con unas cuantas palabras... y ahora otro hombre debe cargar con ese peso para devolverme la dignidad."

Aquello le resultaba profundamente injusto.

No solo para ella.

También para Zayn.

Él no tenía por qué asumir las consecuencias de un crimen que no había cometido.

Levantó lentamente la mirada.

Zayn seguía allí. No había prisa. No había presión.

No intentaba convencerla. Simplemente esperaba.

Como si estuviera dispuesto a aceptar cualquier respuesta.

Aquello hizo que el corazón de Fahriye doliera todavía más.

Miró después a su padre.

Omar permanecía inmóvil, aunque sus ojos reflejaban una enorme preocupación.

Luego observó a su madre.

Samyra tenía las lágrimas contenidas.

Finalmente miró a Murad, a sus tíos y al resto de su familia.

Todos compartían la misma angustia.

Entonces pensó en otra persona.

Inaya. Su prima. Si el escándalo seguía creciendo, también alcanzaría a las mujeres de la familia Al-Sabah.

Las lenguas malintencionadas no tardarían en preguntarse qué clase de mujeres eran las hijas de aquella casa.

La deshonra no recaía únicamente sobre ella.

Podía extenderse como una sombra sobre todas.

Fahriye cerró los ojos durante un instante.

Cuando volvió a abrirlos, ya había tomado una decisión.

Respiró profundamente.

—Sí...

Su voz apenas fue un susurro.

Pero el silencio del salón permitió que todos la escucharan.

Levantó un poco más el rostro.

—Acepto.

Nadie esperaba que la respuesta llegara tan pronto.

Samyra fue la primera en reaccionar.

Cruzó el salón apresuradamente hasta abrazar a su hija.

—¡Fahriye!

Su voz estaba quebrada.

—No tomes una decisión tan importante ahora. No tienes por qué responder en este momento.

Fahriye sonrió con tristeza.

Correspondió al abrazo de su madre.

—Sí debo hacerlo.

Samyra negó repetidas veces.

—Podemos esperar.

—No, madre.

Su voz era suave, pero firme.

—Mientras más tiempo pase, más crecerán los rumores.

Se apartó lentamente del abrazo.

—Y mientras ellos crecen... nuestra familia seguirá sufriendo.

Bajó la mirada.

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