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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 5

Nayla estaba ahí.

Por un instante, el salón entero pareció girar alrededor de ella.

Tenía una sonrisa suave, elegante, de esas que parecían incapaces de hacer daño.

Su velo dorado dejaba ver parte de su cabello oscuro y brillante, y sus ojos castaños tenían una calidez tranquila que hacía fácil entender por qué todos la miraban apenas entró.

Su piel bronceada relucía bajo las luces del salón y cada movimiento suyo parecía perfectamente delicado y femenino.

Pero Samyra apenas pudo fijarse en eso.

Porque lo primero que realmente vio… fue el vestido.

Sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

Era igual al suyo, del mismo color, la misma tela y el mismo bordado elegante alrededor de la cintura.

Solo había una diferencia, el vestido de Nayla tenía tirantes delicados que dejaban descubiertos sus hombros y brazos suaves, mientras que el suyo la cubría completamente con mangas largas.

Como si uno hubiera sido hecho para presumirse…y el otro para esconder algo.

Samyra sintió un calor horrible subirle por el pecho.

No. Eso no podía ser casualidad.

Entonces comprendió algo peor, Omar había elegido ambos vestidos.

Y de pronto, usar aquel vestido se sintió humillante.

Como si sin darse cuenta hubiera aceptado convertirse en una sombra de otra mujer.

—Cuñada… —la voz de Nassira rompió el silencio con falsa sorpresa—. ¿Acaso viste a Nayla antes de venir? Sus vestidos son casi iguales.

Algunas personas giraron de inmediato.

Samyra sintió las miradas clavarse sobre ella.

—Qué coincidencia tan extraña —continuó Nassira, sonriendo mientras bebía un sorbo de su copa—. Aunque ahora que lo pienso… tal vez no sea coincidencia.

Las risas comenzaron poco a poco, suaves, disimuladas, pero suficientes.

Samyra mantuvo la espalda recta.

—Nassira —la voz de Omar sonó seria.

Pero su hermana siguió hablando como si nada.

—Bueno, tampoco puedo culparla —dijo con aparente inocencia—. Nayla siempre es hermosa. Cualquiera querría parecerse a ella.

Entonces miró a Samyra de arriba abajo.

Y añadió con una sonrisa apenas visible:

—Aunque algunas mujeres simplemente nacen con más gracia que otras.

El comentario cayó como veneno elegante.

Nadie dijo nada. Pero varias personas sonrieron incómodas.

Samyra sintió cómo los dedos le dolían alrededor de la copa que sostenía.

El sharbat de granada tembló ligeramente dentro del cristal.

—Ya basta, Nassira —dijo Omar esta vez con firmeza—. Discúlpate con mi esposa.

El salón quedó en silencio.

Nassira bajó apenas la mirada, aunque seguía sonriendo.

Y antes de que pudiera responder, Nayla dio un pequeño paso al frente y tocó suavemente el hombro de Omar.

El gesto fue natural.

—No vale la pena discutir por algo así —dijo con dulzura—. Señora Al-Sabah, disculpe a Nassira, ella solo habla sin pensar.

Samyra sostuvo su mirada.

Nayla parecía amable. Pero había algo extraño detrás de esa voz suave. Algo que incomodaba.

—En realidad… sí fue una coincidencia —continuó Nayla—. Vi este vestido hace unos días y Omar comentó que era muy hermoso, por eso decidí comprarlo.

Samyra sintió un golpe silencioso en el pecho.

Nayla sonrió con elegancia.

—Ahora entiendo que quizá pensaba en usted cuando lo dijo.

—No me interesa —respondió intentando sonar tranquila.

Nassira soltó una pequeña risa.

—Claro que sí.

Antes de que Samyra pudiera reaccionar, la tomó del brazo y comenzó a caminar.

Demasiado rápido, Samyra sintió dolor en la pierna al intentar seguirle el ritmo.

—¿Qué haces? —preguntó molesta.

Nassira no respondió hasta llegar a un pasillo mucho más silencioso, lejos de la música y las voces.

Entonces se giró hacia ella.

La sonrisa había desaparecido de su rostro. Ahora parecía casi seria.

—Hay algo que debes entender de una vez, Samyra.

Ella intentó soltarse, pero Nassira se acercó un poco más.

—Mi hermano está contigo por una sola razón.

Samyra sintió un mal presentimiento recorrerle el cuerpo.

—¿Qué quieres decir?

Nassira sostuvo su mirada sin titubear.

Y habló con una calma brutal.

—Lástima. Omar siente culpa por ti. Gratitud. Deuda. Llámalo como quieras… pero no amor.

Samyra sintió que el pecho le ardía.

Nassira dio un paso atrás.

—Porque el único amor de mi hermano… siempre será Nayla.

Y luego se marchó. Dejándola sola.

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