Después de todo, habían crecido juntos. Incluso habían estado comprometidos. ¿De verdad esa era la imagen que él tenía de ella? ¿Creía que necesitaba recurrir a bajezas criminales para llamar su atención?
—No es algo que me esté imaginando, es algo que mis propios ojos me han mostrado —la voz de Samuel perdió cualquier rastro de cortesía y se volvió afilada como el hielo—. Señorita Domínguez, no he olvidado lo que le hizo a Fiona en el pasado. ¿Acaso necesito refrescarle la memoria?
Valeria se quedó en silencio. Un destello de resentimiento cruzó su mirada, pero apretó los labios, tragándose las acusaciones.
Tras un largo rato, alzó el rostro y lo enfrentó.
—¿Y qué? ¡¿Solo porque cometí un par de errores en el pasado con ella, ahora tienes derecho a culparme de cualquier tragedia sin tener pruebas?! ¡Me decepcionas demasiado!
Había llegado con la ilusión de que él quería arreglar las cosas. Y resultaba que todo era por la sombra de esa maldita mujer.
Samuel soltó una risa seca, desprovista de humor.
—Veo que encima te haces la víctima. Si no fuiste tú, explícame qué hacías buscando a Fiona en la escuela de Silvia hace un par de días. Estuvieron discutiendo bastante tiempo.
El gesto de Valeria vaciló al llevar la taza de café a sus labios.
—Fui a informarle sobre mi fiesta de compromiso con Andrés. Quería invitarla personalmente. Ella me rechazó y por eso discutimos. Esa es la verdad, créela o no.

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