¿Alguien de afuera?
¿Quién era esa tercera persona?
Samuel repitió la grabación tres veces, y esa pregunta se clavó en su mente. ¿Significaba eso que en la explosión de la clínica, además de Valeria y Yolanda, había un tercer involucrado? Y si era así, ¿quién demonios era?
El misterio lo atormentó por un largo rato.
De pronto, el celular que había dejado en el asiento del copiloto comenzó a sonar. Vio el nombre en la pantalla: Ofelia.
—¿Bueno?
—¡Samuel, ven rápido al hospital! ¡Creo que Fiona está despertando!
—Voy para allá, no le quites los ojos de encima. Llego en un segundo.
Samuel se arrancó el auricular, metió el cambio y pisó el acelerador a fondo.
Condujo como un desquiciado, pasándose varios semáforos en rojo. Un trayecto que normalmente tomaba media hora lo hizo en apenas diez minutos hasta llegar al Hospital Municipal.
Cuando irrumpió en el área de cuidados intensivos, el médico acababa de terminar de examinar a Fiona. Samuel se abalanzó hacia él.
—Doctor, ¿cómo está mi esposa?
—La señorita Santana ha recuperado la consciencia. Superó la etapa crítica, pero sus cuerdas vocales sufrieron daños por la intubación y el trauma. No podrá hablar por el momento. Pueden pasar a verla, pero con cuidado.
La enorme piedra que oprimía el pecho de Samuel finalmente desapareció. Entró corriendo a la habitación y la vio. Sus ojos estaban abiertos.
Durante un instante interminable, sus miradas se encontraron en absoluto silencio.
Al ver la emotividad del momento, Ofelia salió de la habitación con discreción, cerrando la puerta tras de sí para darles privacidad.



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