Al notar que ella podía parpadear a voluntad, Samuel comprendió que estaba respondiendo. Lloró de puro alivio.
—Sé que me escuchas. No intentes moverte. Solo descansa y recupera tus fuerzas.
Fiona volvió a parpadear dos veces.
Samuel moría de ganas por preguntarle sobre la explosión en la clínica, pero sabía que en su estado actual, ella no podría darle respuestas. Reprimió sus dudas y se dedicó únicamente a darle palabras de aliento.
Se quedó a su lado hasta que el agotamiento venció a Fiona y se quedó profundamente dormida. Solo entonces, él salió de cuidados intensivos.
Justo en ese momento, Ofelia salía de la habitación contigua, donde estaba Thiago. Al verlo, preguntó de inmediato:
—¿Cómo está? ¿Está fuera de peligro?
—El médico dijo que no puede recibir ninguna emoción fuerte. Te pido que hagas el sacrificio y te quedes vigilándola estos días. Yo enviaré personal de seguridad para que cuiden la puerta de tu novio. Tu única misión es no separarte de Fiona.
Las instrucciones de Samuel desconcertaron a Ofelia.
—¿Por qué tanta seguridad? ¿Crees que Fiona sigue en peligro?
—Ojalá me equivoque —respondió él con el rostro sombrío—. Pero es mejor prevenir que lamentar. En el estado en el que está, no puedo permitir que vuelva a quedar expuesta.
Fiona ya no soportaría otro ataque. Apenas lograba aferrarse a la vida. Aún no sabía a quién había ofendido para desatar tanta saña, para que quisieran mandarla al otro mundo de esa forma.
Al escuchar sus razones, Ofelia comprendió la gravedad del asunto y aceptó sin dudar.

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