Sujetada firmemente por dos oficiales, Valeria fue arrastrada hasta la patrulla bajo la atenta mirada de Andrés, pataleando y resistiéndose en vano.
Una vez que el vehículo de la policía desapareció a lo lejos, Andrés sacó su celular y marcó el número de su representante legal:
—Bueno, abogado Ramírez. Necesito que vaya de inmediato a la comisaría de la Zona Este. La policía se acaba de llevar a mi prometida. Lo veo allá.
Sin perder tiempo, tomó su saco, agarró las llaves y subió a su Lamborghini, acelerando a fondo en dirección a la comisaría.
No tardó en alcanzar a la patrulla.
El oficial que iba al volante notó por el espejo retrovisor que un Lamborghini azul no les perdía pisada, por lo que decidió informar:
—Capitana Tamara, nos viene siguiendo un Lamborghini.
La oficial Tamara echó un vistazo por la ventana trasera y contestó con indiferencia:
—Déjelo. Siga directo a la comisaría.
—Entendido.
Veinte minutos después, en la comisaría de la Zona Este.
Mientras interrogaban a Valeria, Andrés y su abogado hacían acto de presencia en las instalaciones. Ricardo Ramírez se acercó a la oficial con su mejor sonrisa profesional:
—Hola, oficial Tamara. Soy Ricardo Ramírez, el abogado personal del señor Luján.
—Qué tal.
A diferencia de la efusividad de Ricardo, la respuesta de la oficial fue gélida:
—En este momento estamos tomando declaración. Les pido que esperen afuera. Cuando terminemos, los atenderé.
Si se hubiera tratado de un delito menor, tal vez habría sido más flexible y hasta hubiese bromeado con ellos.
Pero el caso involucraba a Fiona, la esposa de Samuel Flores, y el ataque casi le costó la vida. Eso no era un asunto cualquiera.
Requería máxima rigurosidad.
Al ver su actitud, Andrés le dio unas palmadas en la espalda a Ricardo:

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