¿Hubo muertos o heridos en la clínica?
Necesitaba saber la verdad desesperadamente.
—Ya me encargué de todo tu personal. A cada uno se le dio una generosa indemnización de tres millones para asegurarles el futuro.
Samuel tragó saliva, y las siguientes palabras parecieron rasparle la garganta:
—Pero Thiago...
Pudo hablar de los demás con facilidad.
Pero la situación de Thiago Guzmán lo llenaba de dudas sobre si debía o no decírselo.
Fiona sintió un escalofrío y un presentimiento aterrador se apoderó de ella.
—¿Qué le pasó a Thiago? ¡Dime!
¿Acaso le había pasado algo terrible?
Recordó que, justo antes del accidente de auto, la última llamada que había contestado era de él.
En ese momento, Thiago acababa de advertirle sobre el desastre, y a través de la línea, ella escuchó el rugido ensordecedor de la explosión.
Desde ese instante, no volvió a saber de él.
No sabía si estaba vivo o muerto.
—Thiago está muy grave. Tiene quemaduras en el noventa por ciento del cuerpo. El doctor dijo que ha perdido la función sudorípara y que ni siquiera los injertos de piel van a servir —Samuel lo pensó mil veces, pero al final decidió que no podía ocultarle la verdad—. Pero no te angusties, si aquí no pueden curarlo, me encargaré de trasladarlo al extranjero. Seguro encontraremos un tratamiento.
Fuera de eso, Thiago no tenía otras complicaciones letales, pero el noventa por ciento de su piel quemada era una situación crítica.
—El noventa por ciento del cuerpo... —Fiona quedó paralizada por la impresión. Su pecho comenzó a subir y bajar bruscamente. El dolor fue tan agudo que le cortó la respiración—. Su rehabilitación va a ser un infierno... ¿Qué va a hacer con su vida?
—El familiar debe salir, necesitamos espacio para estabilizarla —ordenó una enfermera, sacándolo del cuarto.
Samuel volvió a quedarse frente a esa puerta cerrada.
La espera fue una tortura. Pasó una hora entera hasta que el doctor finalmente salió de la habitación.
—La señorita Santana sufrió una pérdida de conciencia temporal debido a una alteración emocional severa. ¡Se lo advertí una y mil veces! Les dije que no debían someterla a ningún estrés. ¿Por qué los familiares nunca hacen caso?
El regaño del médico hizo que Samuel agachara la cabeza, lleno de culpa.
—Doctor, lo siento, fue mi error. Pensé que ella ya estaba más fuerte...
Al menos había mejorado bastante en comparación con los primeros días; ya podía hablar.
—¡Apenas logró superar una crisis crítica! Su cuerpo no está para soportar este tipo de golpes emocionales. Si siguen alterándola de esta manera, olvídense de seis meses en el hospital, ¡ni en un año se va a recuperar!

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