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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1005

—Esos secuestradores pertenecen a una organización. Ya le entregué a la policía toda la información que conseguí, y ahorita están haciendo todo lo posible por desmantelar al grupo que está detrás.

Cualquiera que se hubiera atrevido a tocar a Isabela, cualquiera que hubiera tenido que ver con su muerte, iba a pagar muy caro. ¡Él mismo se encargaría de hacerle justicia!

Que se hubieran divorciado no significaba que Isabela fuera el blanco fácil de cualquiera.

El divorcio había sido solo un arranque de coraje. La verdad es que, en el mismo instante en que le entregaron el acta y vio a Isabela empacando sus cosas para irse de la casa donde vivieron por tres años, se arrepintió.

Pero su maldito orgullo no le permitió agachar la cabeza justo después de firmar.

Pensaba esperar. Esperar a que a Isabela se le cerraran las puertas, a que regresara a rogarle, y entonces él aprovecharía la oportunidad para volver a casarse con ella.

Si tan solo Isabela hubiera dejado de pelear con Jimena, podrían haber tenido un buen matrimonio.

Aunque se hubiera casado con ella bajo engaños y la hubiera utilizado, si Isabela se hubiera conformado con su lugar, él le habría garantizado una vida llena de lujos y tranquilidad. Siempre sería la señora Silva. Ese título y ese estatus era algo que muchísimas mujeres matarían por tener.

Al terminar de hablar, Elías esquivó a su hermana y siguió caminando.

Bajó las escaleras.

—¡Hermano!

Sofía volvió a correr tras él y lo agarró del brazo.

—¿Sofía?

—Deja te enseño unos mensajes de WhatsApp que me mandé con Jimena.

Sofía sacó su celular, abrió WhatsApp, buscó la conversación con Jimena y se la puso en la cara a su hermano.

Elías tomó el teléfono, le echó un ojo rápido y dijo:

—No veo nada raro en estos mensajes.

—Pero, Sofía... Isabela ya falleció, y hay que respetar a los muertos. Hazme el favor de dejar de decirle de cosas a cada rato. Muéstrale un poco de respeto. Después de todo, alguna vez fue tu cuñada.

Jimena solo le había preguntado a su hermana si de verdad se habían divorciado y si Isabela ya había sacado sus cosas de la casa.

Sofía le dijo en voz bajita:

—Hermano, checa la hora. Mira a qué hora me preguntó Jimena y a qué hora le contesté. Un ratito después, secuestraron a Isabela.

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