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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1103

—Esta vez tuviste buen ojo, ya no te dejaste cegar por el amor.

Isabela sonrió.

—Ya me divorcié una vez, ¿cómo podría seguir cegada por el romance? Si Álvaro no fuera un hombre tan maravilloso y no quisiera perderlo, la verdad es que no habría pensado en volver a casarme.

Vanessa le aconsejó:

—Si encuentras a alguien bueno, cásate. No tienes hermanos, y yo ya estoy mayor. Cuando yo falte, te quedarás sola. Suena feo, pero el día que te enfermes, no tendrás ni quién te alcance un vaso de agua.

»El matrimonio es para tener un compañero en la vejez. Por más buenos que sean los hijos, nunca reemplazan a una pareja. Además, ellos tendrán sus propias familias y no dispondrán de tanto tiempo para cuidarte.

Isabela rió:

—Mamá, ¿no has pensado en buscar a alguien tú también? Aún eres joven.

Vanessa se negó de inmediato:

—No, ya ni lo pienso. La primera vez que me volví a casar fue para buscar un respaldo, alguien que me ayudara a criarte.

»Contigo me basta. Además, Álvaro es un buen hombre. En el futuro, ustedes verán por mí. Si ya tengo asegurada la tranquilidad para mis últimos años, ¿para qué volver a casarme? Tú eres diferente, aún tienes toda la vida por delante.

—¡Ring, ring, ring! —sonó el teléfono de Vanessa, interrumpiendo la íntima charla entre madre e hija.

Tomó su bolso, sacó el celular y vio en la pantalla un número desconocido.

—Es un número raro, quién sabe quién será. O es para vender algo, o es una estafa, o son los parientes de tu papá.

Vanessa rechazó la llamada.

—No voy a contestar.

Pero la persona insistió.

Llamó tres veces seguidas.

—Cien por ciento seguro que es tu abuelo y los suyos.

Vanessa suspiró.

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