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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1071

—Rodrigo.

El señor Castillo habló después de un largo silencio.

—Esas fotos te las dio Isabela Romero. Como ella y Jimena nunca se han llevado bien, ¿es posible que esas fotos...?

—¡Papá, es imposible!

Rodrigo respondió con voz grave:

—Isabela es una persona que conoce y respeta la ley. Ella no haría esas cosas. Además, me las enviaron de forma anónima, así que ella tampoco sabe quién las tomó ni quién las mandó.

—Si me las entregó, es porque, al fin y al cabo, fuimos hermanos de nombre durante veinte años. Aunque nuestra relación nunca fue buena, la familia Méndez las protegió a ella y a su madre todo este tiempo.

Sin la protección de la familia Méndez, Isabela habría sido robada y vendida por esos parientes aprovechados cuando era apenas una niña.

—Tampoco quería que yo siguiera engañado, sobre todo ahora que Jimena está embarazada. Si el bebé no es mío, estaría criando al hijo de otro, e incluso si lo fuera... Tal y como están las cosas, será muy difícil que Jimena y yo volvamos a ser como antes. Este bebé, ¿es una bendición o una desgracia?

—Además, por la reacción de Jimena y las cosas que dijo cuando vio las fotos, supe que eran reales.

El señor Castillo intentó defenderse:

—Isabela simplemente no quiere que ustedes tengan una buena vida, por eso te las entregó a propósito. ¿Por qué no se las dio a Jimena en privado?

Rodrigo miró a su suegro como si fuera un idiota y le preguntó:

—Papá, si tuvieras fotos comprometedoras de un enemigo, ¿se las entregarías a esa misma persona? Seguramente se las darías a su pareja, ¿verdad?

—Esto es culpa de la misma Jimena. Siempre ha ido en contra de Isabela y no se guardó ni una sola carta de respaldo. Siempre dicen que hay que dejar una puerta abierta en la vida para futuras reconciliaciones, pero Jimena no le dejó a Isabela ni siquiera una rendija.

—Isabela no es una santa. Después de todo lo que Jimena le ha hecho, ¿por qué habría de ayudarla o guardarle el secreto como si fuera una mártir? Pase lo que pase, ante los ojos del mundo yo sigo siendo el hermano mayor de Isabela, y ella, como hermana, no quería verme haciendo el papel de tonto.

—Tú y Jimena han estado casados y se conocen de toda la vida. Comparten treinta años de recuerdos. Seguro que a ti también te rompería el corazón ver cómo ella arruina su futuro por ese asunto.

Rodrigo respondió:

—Papá, no soy estúpido. ¿Por qué lo andaría contando por ahí? ¿Crees que me da orgullo? La gente solo se burlaría de mí por llevar unos enormes cuernos.

Eso también afectaba profundamente su propio ego y su imagen pública, por supuesto que no diría ni una palabra sobre el tema.

Por el momento, ni siquiera su propio padre lo sabía.

Y Rodrigo tampoco planeaba decírselo. Sabía muy bien que el corazón de su padre empezaba a inclinarse a favor de su medio hermano menor y que ahora dedicaba todo su tiempo a los preparativos de la boda con esa Valdez, yendo cada vez menos a la empresa.

Pero, a pesar de ello, su padre seguía controlando todo el poder dentro del Grupo Méndez. Como el joven señor Méndez, él era el vicepresidente, tenía cierta autoridad, pero tomar el control absoluto mientras su padre estaba distraído seguía siendo una posibilidad remota.

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