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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1101

—Últimamente todas las verduras que comemos en casa son de nuestra propia cosecha. Las frutas aún tardarán un poco en dar resultado, pero en un par de años también podremos disfrutar de frutas de temporada.

En sus ratos libres, a Isabela también le gustaba cuidar las plantas y las flores.

Le encantaba la idea de que, cuando fuera mayor y estuviera jubilada, podría pasar los días cuidando de un huerto, podando árboles frutales y regando sus flores, al igual que su madre. Solo de pensarlo se sentía en paz.

—Eso es maravilloso. Ser autosuficientes y comer de lo que uno mismo cosecha da mucha tranquilidad —comentó Álvaro.

—En la parte trasera de nuestra casa, pegado al muro, también hay un huerto con varias verduras y hortalizas.

Claro que, en su caso, eran los empleados quienes se encargaban del cuidado y la siembra. Las mujeres de la familia Morales siempre estaban ocupadas y no tenían tiempo para la jardinería.

A Isabela no le sorprendió escucharlo.

Había visitado muchas casas de familias acomodadas, y casi todas destinaban una pequeña área de sus jardines para sembrar verduras de temporada. Comer lo que correspondía a cada estación directamente del huerto aseguraba una frescura inigualable.

Como bien decía Álvaro, comer de lo que uno cultivaba daba más tranquilidad y el sabor era mucho mejor.

Los vegetales que se compraban en los mercados provenían de grandes fincas agrícolas, donde se utilizaban métodos tecnológicos para que crecieran perfectos y en tiempo récord, pero su sabor no se comparaba con los cultivados en casa.

Después de caminar un buen rato, llegaron a un elegante quiosco y se sentaron a descansar.

—¿Tienes calor? ¿Estás cansada? —preguntó Álvaro, siempre atento.

Isabela observó su entorno.

—Hay mucha sombra por los árboles y hoy corre una brisa agradable, así que no hace tanto calor. Y no estoy cansada para nada.

Caminar tranquilamente disfrutando del paisaje no era lo mismo que correr por toda la finca; era imposible cansarse.

—Álvaro, ¿qué enfermedad tiene tu abuela? —preguntó Isabela de repente.

Había notado que la anciana no se veía nada bien de salud.

—Tiene cáncer de estómago. La operaron, pero hubo una recaída. Ha estado recibiendo tratamientos constantes y ha sufrido muchísimo. De hecho, usa peluca —le explicó Álvaro sin ocultarle nada.

—Además, a su edad el cuerpo ya no se recupera con la misma facilidad que el de alguien joven, así que...

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