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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1138

—Eso es lo que pasa cuando uno se casa con la mujer equivocada —comentó Nuria frunciendo los labios—. Tu adorada nuera es demasiado celosa. No soportó que el señor Silva tratara bien a Isabela y se dedicó a envenenar la relación hasta que ellos terminaron divorciándose.

—Si el señor Silva todavía estuviera enamorado de Jimena, la historia sería diferente. Pero resulta que, tras el matrimonio, él e Isabela empezaron a sentir cosas el uno por el otro. Y apenas firmaron el divorcio, él se arrepintió y comenzó a buscarla de nuevo. Obviamente, Jimena perdió todos sus privilegios con él, y por eso la relación entre nuestras familias se ha enfriado tanto.

—Y tu hijo sí que tiene aguante, ¿eh? Sabiendo que su esposa tiene a otro hombre en la cabeza y que lo busca descaradamente... y aún así la aguanta. Si el día de mañana tu hijo le es infiel, la verdad no se le podría culpar. Su esposa es insoportable.

Lorenzo también sentía cierto resentimiento hacia Jimena. De no ser porque aún necesitaba mantener los lazos comerciales con la familia Castillo, habría dejado que su hijo hiciera lo que quisiera. Si quería divorciarse, que se divorciara.

Al final del día, un divorcio no era el fin del mundo.

—Dejemos de hablar de ellos. En cuanto lleguemos a casa, empieza a preparar las maletas. Nos vamos de luna de miel; hay que enfocarnos en cosas positivas.

—Eso sí, mientras estemos fuera, adviértele a tus parientes que ni se les ocurra meterse con Rodrigo o con Jimena.

Los parientes de Nuria no tenían intención de irse inmediatamente después de la boda. Planeaban quedarse unos días más en Nuevo Horizonte para disfrutar de la ciudad, aprovechando que Lorenzo cubría todos los gastos.

Sin importar a dónde quisieran ir, Lorenzo ya había dispuesto choferes y hasta contratado un guía turístico para ellos.

Con tantas comodidades, ¿quién querría irse? Era seguro que se quedarían un buen tiempo.

Por eso, al irse de luna de miel, Lorenzo temía que esos parientes fueran a provocar a Rodrigo.

Especialmente Olivia, que había sido la principal responsable de la golpiza que causó el aborto de Jimena. Aunque Lorenzo había logrado calmar momentáneamente a su hijo y a su nuera, conociendo el carácter de ambos, dudaba mucho que perdonaran a Olivia tan fácilmente.

—Entendido —respondió Nuria.

De hecho, la misma noche del incidente del aborto, Nuria ya les había dejado claras las reglas a sus parientes: ella cubriría todos sus gastos en la ciudad, pero bajo la estricta condición de que no se acercaran a la mansión de la familia Méndez ni a las oficinas del Grupo.

Quería evitar a toda costa que se cruzaran con Rodrigo o Jimena y sufrieran alguna represalia.

Lo que nunca imaginó fue que la entrada de Nuria a la familia desataría una guerra sin cuartel con Rodrigo y Jimena, hasta el punto de arruinar el día de su propia boda.

Mientras tanto, Isabela y Álvaro, tras más de dos horas de viaje en tren, llegaron a la ciudad donde Elías estaba internado. En lugar de ir primero al hotel a dejar sus cosas, tomaron un taxi directo desde la estación hasta el hospital.

El ánimo de Elías parecía mucho mejor hoy, aunque todavía se notaba en él una profunda melancolía.

La abuela Fátima, en persona, le lavó una manzana, la peló con cuidado y la cortó en cuatro pedazos. Le ofreció uno mientras decía:

—Eli, cómete un pedazo. Está muy dulce.

Luego, ella misma le dio una mordida al suyo.

Elías ya podía ingerir alimentos, pero su apetito seguía siendo muy pobre. Comía muy poco.

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