No solo había embrujado a Elías, sino que ahora tenía a Álvaro rendido a sus pies.
Isabela parecía no dejar escapar a ninguno de los jóvenes más codiciados de la ciudad. Realmente no entendían qué le veían de especial.
Isabela, al no escucharlas, simplemente actuó como si no existieran.
En medio del bullicio, Rodrigo hizo su aparición acompañado de Jimena.
La pareja vestía ropa de lo más casual, desentonando por completo con los demás invitados, que lucían elegantes trajes y vestidos de diseñador. Incluso quienes no llevaban traje de gala estaban vestidos con sumo cuidado.
Rodrigo caminaba sosteniendo a Jimena del brazo.
El rostro de Jimena lucía pálido y demacrado. Recién había sufrido un aborto y su cuerpo estaba débil, así que era natural que no tuviera buen semblante.
Se veía tan frágil que parecía incapaz de dar un paso sin apoyarse en su esposo, despertando la compasión de quienes la miraban.
Al notar la presencia de la pareja, el animado ambiente del salón se sumió en el silencio. Todas las miradas se clavaron en ellos.
El escándalo del aborto ya era la comidilla de toda la alta sociedad. Por más que a Nuria le importara poco su reputación, en ese momento, bajo el peso de tantas miradas cargadas de juicio, no pudo evitar ruborizarse por la incomodidad.
—Papá, Nuria, perdonen la demora —se disculpó Rodrigo mientras ayudaba a su esposa a acercarse a su padre—. Jimena apenas hoy recibió el alta. Fui al hospital a recogerla y por eso nos retrasamos. Aún no ha comenzado el banquete, ¿verdad?
Sin esperar respuesta de su padre, añadió:
—Papá, Nuria, les deseamos un feliz matrimonio y que estén juntos por muchos años.
—Mientras Nuria no vuelva a golpear salvajemente a mi esposa, estaré encantado de dedicarles las mejores palabras.
El rostro de Lorenzo se ensombreció.
Nuria, por su parte, no tardó en defenderse:

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