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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1127

Rodrigo entró a la habitación y le reclamó a Isabela de mal humor:

—Isabela, deja de inventar chismes y decir estupideces. ¿Crees que me fijaría en alguien como Olivia?

¿Acaso él era un hombre sin gusto?

Olivia era más joven y atractiva que Nuria, pero seguía siendo su prima. Aunque estuviera desesperado, jamás se atrevería a tocarla.

Además, Nuria jamás permitiría que Olivia se quedara con él. El único motivo por el que la había metido en la casa de la familia Méndez era para arruinar su matrimonio con Jimena.

—Ah, ¿no te gusta? Pensé que tenías los mismos gustos que tu padre. De tal palo, tal astilla, después de todo. Aunque Olivia solo sea su prima y no su hermana de sangre, todos somos egoístas por naturaleza y buscamos nuestro propio beneficio.

—Si te enredas con Olivia, ella se pondrá de tu lado sin pensarlo dos veces para ayudarte a luchar contra su prima por la herencia. Al fin y al cabo, si logran quitarle la fortuna, ella también saldrá ganando.

Tener una prima rica no era lo mismo que ser rica por cuenta propia.

Olivia no era ninguna santa. Si actuaba en complicidad con su prima, era solo porque aún no había logrado conquistar a Rodrigo. En el momento en que lo tuviera en sus manos, se pondría en contra de Nuria sin titubear.

Así de realista era la gente.

El rostro de Jimena se tornó verde del coraje.

—Isabela, ¿crees que estoy pintada en la pared? ¡Le estás diciendo a mi esposo que me sea infiel en mi propia cara!

—¿Acaso tu esposo no te fue infiel ya? Y te aseguro que no fue porque yo se lo pidiera, sino porque no pudo resistirse a las tentaciones de afuera. O quizás ya está harto de ti. Es normal, tener que aguantarte desde que eran niños debe ser agotador.

—Eres tan falsa y caprichosa, ¿qué hombre en su sano juicio te soportaría toda la vida?

Jimena y Rodrigo se quedaron sin palabras.

—¿Qué pasa? ¿Les duele escucharlo? Jimena, solo te estoy devolviendo una pequeña fracción de todo el daño que me causaste. Cuando Elías y yo aún estábamos casados, ¿recuerdas bien todo lo que dijiste e hiciste frente a él? Seguro que no lo has olvidado.

—La venganza es un plato que se sirve frío.

Isabela admitía sin rodeos que estaba cobrando venganza.

Después de todo el sufrimiento que Jimena le había causado, ¿por qué no habría de desquitarse?

—Rodrigo, hay que admitir que tienes una paciencia de oro. Un verdadero hombre que hace lo que sea necesario para alcanzar sus metas, cueste lo que cueste.

—Ustedes dos hacen la pareja perfecta, están hechos el uno para el otro. Por favor, asegúrense de estar juntos toda la vida y así evitan hacerle daño a los demás.

Rodrigo, con el rostro ensombrecido, le contestó:

—No te metas en mis asuntos.

—Creéme que no me interesa hacerlo. ¿Quién te crees que eres para que pierda mi tiempo preocupándome por tus problemas? Yo solo vine a disfrutar del espectáculo. Cuanto peor les vaya, más feliz soy, jajaja. Esta noche voy a dormir como un bebé.

—Rodrigo, Jimena, finalmente tienen lo que se merecen.

Dicho esto, Isabela tomó su bolso y se despidió de Jimena agitando la mano.

—Me voy a casa a tener dulces sueños. Chao, no hace falta que me acompañen a la puerta.

Llevada por la furia, Jimena agarró la almohada sobre la que descansaba su cabeza y se la arrojó con todas sus fuerzas.

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