Jimena pensaba que, una vez que lograra darle un hijo varón a Rodrigo, lo obligaría a hacerse la vasectomía. Él seguramente se negaría, pero ella encontraría la manera de asegurarse de que él jamás pudiera volver a tener hijos con otra mujer.
Tendría que asegurarse de que la sangre de Rodrigo solo proviniera de su propio vientre; así, toda la fortuna Méndez quedaría exclusivamente para sus hijos.
Su suegro ya era un anciano y estaba en su tercer matrimonio. ¿Quién le aseguraba que Rodrigo no haría lo mismo en el futuro? Y si Rodrigo llegaba a tener hijos ilegítimos, aunque al principio favoreciera a los legítimos, con el tiempo podría cambiar de opinión.
Tal como estaba haciendo ahora su suegro con su nuevo hijo. De tal palo, tal astilla. Jimena tenía que ser precavida y blindar el futuro de su descendencia.
Su madre le había insistido en que se enfocara en recuperar su salud durante este tiempo, que se olvidara del mundo y dejara de obsesionarse con destruir a Isabela. Una vez que su cuerpo estuviera sano, debía apresurarse a darle un bebé a Rodrigo.
La principal razón era que Jimena no quería divorciarse.
Sabía perfectamente que, si dejaba a Rodrigo, le sería muy difícil encontrar a otro hombre de su mismo nivel. A lo largo de los años, su reputación en la alta sociedad de la ciudad se había ensuciado bastante.
Muchos la consideraban una mosca muerta y una hipócrita.
Ella siempre se convencía a sí misma de que las demás mujeres simplemente sentían envidia de que tuviera a dos hombres, sus amores de toda la vida, protegiéndola y mimándola. Por eso hablaban mal de ella.
Si no quería divorciarse, tenía que aferrarse a Rodrigo con uñas y dientes, a menos que Elías estuviera dispuesto a casarse con ella. Por eso, lograr un embarazo era un asunto de vida o muerte.
Y ella misma también estaba desesperada.
Si no hubiera sido porque Ulises le envió esas malditas fotos a Isabela, y luego esta se las entregó a Rodrigo, sembrando la duda sobre la paternidad del bebé, Jimena habría apostado todo a que naciera.
¿Qué tal si sí era de Rodrigo?
Un suspiro de frustración escapó de sus labios.
De verdad quería ser madre.
Dos veces se había embarazado, y las dos veces no había logrado retener a los bebés.
¿Acaso no estaba destinada a tener hijos?

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