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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1165

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Caminó hasta detenerse frente a él y, tras tragar saliva, forzó una sonrisa complaciente.

—Señor Peña, ¿en qué le puedo servir? Bastaba con que alguien me llamara por teléfono. Cualquier cosa que me pida, haré lo posible por cumplirla.

Realmente no había necesidad de obligarla a venir en persona, sobre todo cuando seguía en reposo absoluto por el aborto.

—Siéntese.

Ulises ni siquiera apartó la vista del periódico para darle la orden.

—Con su salud tan delicada, no le conviene estar de pie.

Esa frase, de alguna manera retorcida, la hizo sentir extrañamente valorada.

Al fin y al cabo, ella era una dama de la alta sociedad.

—Gracias.

Mientras lo maldecía en su cabeza, por fuera mantuvo una expresión de gratitud al tomar asiento en uno de los sillones individuales.

—¿Gusta tomar algo?

—No, gracias. No tengo sed.

Después de haber sido drogada por él, jamás volvería a aceptar nada que le ofreciera. No iba a arriesgarse a caer en otra de sus trampas.

—¿Teme que haya echado algo en su bebida?

—Claro que no, es que de verdad no tengo sed. Señor Peña, ¿puedo saber para qué me ha hecho venir?

Ese hombre la miraba por encima del hombro. Desde que entró, él seguía más enfocado en su lectura que en ella.

—Ocurrió una desgracia con Elías Silva. Estuvo a punto de morir. Me imagino que no estaba enterada, ¿verdad?

—¡¿Qué?! ¿Le pasó algo a Elías? ¿No estaba de viaje de negocios? ¡No tenía idea! Le pregunté a Isabela y ella no me dijo nada. Fui al Grupo Silva a investigar y no me quisieron dar información. Juraba que seguía trabajando fuera de la ciudad.

Jimena estaba en estado de shock.

—¿Todavía no se da cuenta? La familia de él confía en Isabela, no en usted. Y Elías también se ha inclinado del lado de su exmujer.

—El mismo día de la boda de su suegro, Isabela y Álvaro volvieron a visitarlo.

—¡Isabela! ¡Siempre es Isabela! ¿Acaso ella y yo fuimos enemigas en nuestra vida pasada? En esta vida parece que su único propósito es arrebatarme todo lo que me pertenece.

Jimena comenzó a soltar maldiciones contra ella, llena de veneno.

Ulises sonrió para sus adentros. *Por supuesto que fueron enemigas en su vida pasada, solo que entonces tuviste mucha suerte de tener a Elías y a Rodrigo comiendo de tu mano. Lástima que al final terminaste pagando igual que yo.*

—Jimena, ¿nunca se le ha cruzado por la mente deshacerse de Isabela? Mientras ella respire, seguirá arrebatándole todo: a su marido, a su amigo de la infancia y hasta su posición en la sociedad. Se lo quitará todo.

—¿Acaso no ha notado cómo su marido también ha suavizado su actitud con ella? Al final del día, crecieron juntos durante veinte años, siempre habrá algún lazo sentimental entre ellos.

—Mientras Isabela siga viva, su esposo siempre tendrá cierta debilidad por ella. Y ni hablemos de Elías, su corazón ya le pertenece a Isabela por completo.

—La única manera de que recupere la paz y mantenga la vida llena de privilegios a la que está acostumbrada, es eliminándola del mapa.

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