—...su punto de partida se lo regaló él. Usted vivió de esa fortuna durante años, y sabe perfectamente lo fácil y maravilloso que es.
Jimena apretó los labios.
Tenía razón, era maravilloso.
Antes, tanto ella como Rodrigo lograban negocios millonarios usando las conexiones de Elías.
Gracias a su amistad, el Grupo Méndez lograba hacer negocios redondos sin invertir un peso un sinfín de veces.
Soñaba con volver al pasado. Si Isabela no se hubiera entrometido entre los tres, las cosas seguirían siendo perfectas.
¡Todo era culpa de Isabela!
En la familia Méndez, ella solo era una sombra, pero gracias a Elías, se convirtió en la deslumbrante señora Silva y comenzó a disfrutar de una vida de lujos infinitos.
Hace tan solo un año, Isabela no era más que una empleada ganando una miseria al mes, y ahora era una millonaria dueña de una fortuna. Pero, ¿cuánto de ese dinero lo había sudado ella realmente?
¡Absolutamente nada! Todo había sido un regalo del divorcio.
Elías era un hombre demasiado sentimental. Si ella lograba recuperar su corazón, él volvería a ser tan generoso como siempre, y ella podría adueñarse de su fortuna poco a poco.
—No espere nada de su esposo —continuó Ulises—. Él le fue infiel, y usted lo sabe. Cuando un hombre cruza esa línea, jamás vuelve a tratarla igual. Eso ya no tiene arreglo, el daño está hecho.
—Además, el que lo hace una vez, lo hace mil veces más. Es como un vicio.
—Por lo tanto, su esposo no le sirve de apoyo.
—Él está sucio, y usted también. Lo único que les espera es el asco mutuo.
Los ojos de Jimena se llenaron de rabia y soltó con veneno:


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda