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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 22

Después de la tragedia de su vida anterior, la Isabela renacida ya era inmune a la belleza de Elías.

Unos quince minutos después, el grupo llegó al bar Ritmo Fuego.

Isabela encontró un lugar y estacionó el carro.

Justo cuando iban a bajar, un Maybach se detuvo en el lugar de enfrente.

Al ver el número de placa de ese Maybach, Isabela se asustó tanto que se agachó de inmediato hacia el asiento del copiloto.

—Isabela, ¿qué pasa? —preguntó Mónica, confundida, ya que se estaba preparando para bajar y vio a su amiga lanzarse sobre ella.

—El carro de enfrente es de Elías —dijo Isabela en un susurro nervioso.

Mónica solo había visto a Elías dos veces: una vez cuando estaba de compras con Isabela y él fue a recogerla, y la otra hacía tres días, cuando fue la dama de honor de Isabela y lo vio como el novio.

La impresión que tenía de él era la de un hombre maduro, estable, pero algo frío, además de ser excepcionalmente guapo.

En cuanto al número de placa de su carro o qué modelo solía conducir, no tenía ni idea.

Miró hacia el Maybach de enfrente.

—Mónica, esperemos a que Elías se vaya para bajar —susurró Isabela.

Mónica asintió enérgicamente.

Claro que tenían que esperar a que se fuera.

Si Elías descubría que había llevado a su esposa recién casada a un bar para ver a otros hombres, seguro la odiaría a muerte.

Las familias adineradas tenían reglas incontables, y muchas de sus esposas debían quedarse en casa cuidando del marido y los hijos, sin poder mostrarse en público.

Y mucho menos ir a un bar a beber por la noche.

—Ya se bajó —dijo Mónica en voz baja.

Isabela se puso aún más nerviosa. Se inclinó completamente sobre las piernas de su amiga, cubriéndose la cara con las manos, pensando que así Elías no la reconocería.

El chofer no pudo recordar de quién era la placa en ese momento, así que, movido por la curiosidad, se acercó para ver quién estaba en el vehículo.

—Isabela, Elías ya entró al bar, pero su chofer viene hacia acá. ¿Qué hacemos?

—Ustedes bajen y distraigan su atención, yo bajaré después.

Isabela tomó una decisión rápida y les pidió a sus amigas que bajaran primero.

Mónica obedeció.

—¿Señorita Torres? —El chofer tenía buena memoria y reconoció a Mónica. Después de todo, había sido la dama de honor de la señora de la casa, y era su mejor amiga.

—Señor, es usted. ¿Qué hace por aquí? —Mónica fingió sorpresa, interponiéndose entre el carro y el chofer para darle a Isabela la oportunidad de escabullirse.

—Un cliente invitó al señor Silva a tomar un par de copas, y lo traje —mintió el chofer—. Señorita Torres, nuestro señor Silva es un adicto al trabajo. Apenas lleva tres días de casado y ya está de vuelta en la oficina. A veces, el señor Silva no tiene otra opción.

Lo dijo para insinuarle a Mónica que no fuera con el chisme a Isabela.

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