Después del aborto espontáneo de Jimena, Elías e Isabela fueron a visitar a los Méndez para llevarle varios suplementos.
Elías no llegó a ver a Jimena; ella estaba guardando reposo en su habitación y a él no le pareció apropiado entrar a verla.
La llamó por teléfono para consolarla y también habló con Rodrigo varias veces. Eso fue todo. A diferencia de su vida pasada, no sintió la necesidad de cuidarla personalmente.
Isabela notó que Elías había estado frecuentando mucho su estudio últimamente. Sobre todo desde que se enteró de que el fin de semana antepasado había invitado a comer a Álvaro y a su hermana.
Aunque Elías había empezado a tratarla genuinamente bien, Isabela se recordaba a sí misma que no debía caer en la trampa. Él no había superado a Jimena de verdad.
Jimena siempre estaría en su corazón.
Ese día, la señora Méndez finalmente regresaba de su viaje, e Isabela fue al aeropuerto a recogerla con antelación.
Al salir, se topó con el señor Silva, quien parecía tener mucho tiempo libre. Cuando supo que iba a recoger a su suegra, el descarado de Elías se le unió.
—Elías, ¿acaso el Grupo Silva está a punto de quebrar? —preguntó Isabela mientras conducía, dirigiéndose al hombre en el asiento del copiloto.
—¿Cómo crees? Mi Grupo Silva está en su apogeo. Podría mantenerse en pie en Nuevo Horizonte durante décadas sin caer.
—¿Entonces te retiraste? ¿Dejaste de ser el presidente?
—Soy el heredero de la familia, así se decidió desde que era niño. Era natural que asumiera el cargo al crecer. ¿Retirarme? ¿Para dejarle el puesto a quién? En cuanto esos mocosos oyen la palabra «heredero», uno finge estar enfermo y otro sale corriendo. Ven la sucesión como una plaga. Aunque quisiera retirarme, necesitaría que alguien estuviera dispuesto a tomar las riendas.
—Si sigues siendo el presidente a cargo del Grupo Silva, ¿no deberías estar muy ocupado? Antes siempre lo estabas. Últimamente, pareces tener mucho tiempo libre.
Elías la miró de reojo y dijo con doble sentido: —Tú sabes perfectamente por qué.
Si seguía tan ocupado, otro tipo le iba a robar a su esposa.
A pesar de que en la última quincena Isabela y Álvaro no se habían vuelto a ver, la relación entre Isabela y Carolina era cada vez mejor, por lo que era inevitable que volviera a encontrarse con Álvaro en el futuro.
Después de un momento, dijo en voz baja: —Aunque seamos un matrimonio de papel, no quiero ser el hazmerreír de todos.
—Ya te lo dije, mientras nuestro matrimonio dure, no te seré infiel.
Si iba a buscarse un hombre, sería después de divorciarse.
No le interesaba la infidelidad dentro del matrimonio.
Además, si realmente se divorciaba, no necesariamente volvería a casarse. Como le había dicho a su amiga, ¿qué tenía de malo disfrutar de su propia compañía?
Elías moría por decirle que se mantuviera alejada de Álvaro, pero como apenas se veían, si lo hacía, Isabela lo iba a mandar al diablo.
¡Tenía una lengua muy afilada!

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