—Señorita, ¿por qué se fue el señor que le compró el papalote? Era muy guapo.
Uno de los niños había visto a Álvaro comprándole el papalote a Isabela.
Isabela le pellizcó suavemente la mejilla al niño y le dijo con una sonrisa:
—Eso fue hace una hora y tú lo viste. Sí, ese señor es muy guapo y también muy amable. Ya se fue a su casa.
»Tú también eres muy guapo, amiguito. Cuando crezcas, serás tan apuesto como él.
El niño se sonrojó un poco por el cumplido, pero le gustó aún más jugar con Isabela.
A pesar de la diferencia de más de diez años de edad, Isabela se llevaba muy bien con ellos. Su sonrisa era tan afable que los padres de los niños dejaban que sus hijos jugaran con ella sin preocuparse.
—¿Quién te compró ese papalote?
La voz fría de Elías resonó de repente, sobresaltando a Isabela.
Miró a ambos lados y se dio cuenta de que Elías estaba de pie detrás de ella sin que se hubiera percatado.
«Este tipo... ¿acaso no hace ruido al caminar?», pensó. « ¿Tienes teletransportación o qué?».
No, espera, ¿qué hacía Elías aquí?
¿No debería estar adulando a la mujer de sus sueños?
—Elías, ¿qué haces aquí?
—¿Acaso este es tu terreno privado y no puedo venir? —respondió Elías con frialdad.
—No, claro que no, es un lugar público.
Isabela pensó para sus adentros: «El ambiente está un poco tenso».
—¿Quién es ese "señor guapo" del que hablaba el niño? ¿Él te compró el papalote? ¿No tienes dinero? Un papalote de cincuenta pesos y tienes que dejar que otro te lo compre.
Él había visto y escuchado toda la conversación de Isabela con los niños.
Saber que el papalote que Isabela estaba volando se lo había comprado otro hombre le molestó profundamente.


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