—Por tu herencia, ¿qué dudas tienes? ¿Acaso estás dispuesto a ver cómo tu papá les deja todo a esa mujer y a su hijo?
—Es tu patrimonio. Yo solo soy la nuera; si tu papá no me deja nada, no puedo hacer nada.
Rodrigo seguía sin hablar, pero en el fondo sabía que su esposa tenía razón.
—Ring, ring, ring...
Sonó el teléfono interno.
Rodrigo puso el altavoz y la voz de la secretaria resonó en la oficina. Ambos esposos escucharon:
—Señor Rodrigo, esa mujer llamada Olivia ha vuelto. Los de recepción la detuvieron y está haciendo un escándalo en la planta baja exigiendo verlo.
Rodrigo dijo con frialdad:
—Entendido. Espera mis instrucciones.
Y colgó.
Jimena comentó:
—Hablando del Rey de Roma y este que se asoma. Rodrigo, seguro te trajo algo de regalo. Recíbela. Yo me voy primero. Recuerda, ella es nuestra pieza de ajedrez; si no la usamos, todo nuestro esfuerzo será en vano.
Dicho esto, Jimena se levantó.
—Evitaré toparme con ella. Cuando yo haya bajado en el elevador, avisa a recepción que la dejen subir.
¿La secretaria no quería ocupar su lugar?
Si Olivia metía su cuchara, que se pelearan entre ellas las dos mujeres que querían su puesto.
En ese momento, la mente de Jimena estaba más clara que nunca.
Por mucho que hiciera o se esforzara, no podía evitar que Rodrigo fuera infiel, y ella misma planeaba acostarse con Elías. Si ambos iban a ser infieles, que cada quien hiciera su vida.

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