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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 882

Valentina abrió los ojos como platos. Si Isabela se negaba a llegar a un acuerdo, ¿eso significaba que la detendrían? ¡Si la cosa se ponía fea, hasta podría terminar en la cárcel!

De pronto, el rostro de Valentina se puso blanco como el papel y le empezaron a temblar las manos. Tartamudeando, agarró a Isabela del brazo:

—Isa... Isabela... me equivoqué. Por favor, perdóname esta vez.

—Te pagaré, te compraré un coche nuevo, pero te lo ruego, perdóname. Vamos a arreglar esto, ¿sí?

—Todavía soy joven, no puedo entrar ahí. Estoy dispuesta a compensarte con un auto nuevo. Isabela, por favor, ¿podemos llegar a un acuerdo?

Isabela se soltó de su agarre con fuerza y respondió con frialdad:

—Valentina, esto es daño deliberado a propiedad ajena. Este coche lo acabo de sacar de la agencia y el precio de lista es de más de un millón de pesos.

—¿Viste cómo dejaste el parabrisas? Tus acciones me han causado pérdidas por decenas de miles de pesos; esa cantidad es suficiente para fincarte responsabilidades penales.

—¡No creas que por tener dinero eres intocable! ¡No todo en esta vida se arregla con billetes!

Isabela estaba decidida a darle una lección a Valentina, para ver si así se le quitaba lo arrogante en el futuro.

Valentina solía juntarse con Jimena, y como Jimena tenía a dos protectores de la infancia cubriéndole las espaldas, se paseaba por la alta sociedad de Nuevo Horizonte como si fuera la dueña del lugar. Valentina, aprovechando la influencia de su amiga, también era muy prepotente y no eran pocas las veces que había intimidado a otros.

Isabela lo sabía, pero mientras no se metieran con ella, no le interesaba meterse en problemas ajenos.

Sin embargo, esta vez Valentina se había metido directamente con ella. Isabela tenía las pruebas, los testigos y la razón de su lado, así que naturalmente no iba a dejarla ir tan fácil.

—No, no, Isabela, me equivoqué, lo admito. Te suplico que me dejes ir, perdóname esta vez, te juro que no lo volveré a hacer —suplicó Valentina, llena de pánico.

Luego se dirigió a Álvaro:

—Álvaro, por favor ayúdame, de verdad sé que hice mal. Todos nos movemos en el mismo círculo, nos vamos a seguir viendo las caras, no hagamos que esto termine mal, ¿sí?

—Ayúdame a pedirle a Isabela que tenga piedad. Estoy dispuesta a pagarle un coche nuevo, siempre y cuando acepte el acuerdo.

Álvaro respondió con un tono gélido:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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