Perspectiva de Holt.
La recaída de mi madre se desarrolló de forma vertiginosa y, al límite de las opciones, me vi en la necesidad de convocar a un sanador de lobos adscrito al palacio real con el fin de estabilizar sus signos vitales. El especialista se dirigió a mi persona en los siguientes términos:
—Alfa, he brindado atención a la Señora Enclaw en oportunidades anteriores, pero mis alcances son limitados. Le resulta indispensable gestionar el retorno de la doctora Sagewood. Sus Píldoras de Pétalo de Nieve constituyen el único recurso con la capacidad real de salvaguardar la existencia de su madre. Si he logrado mitigar el cuadro clínico actual, se debe exclusivamente a que ha mantenido la ingesta de dicho tratamiento durante un año, lo que le provee de una base remanente en su organismo. No obstante, si las crisis incrementan su frecuencia, me veré desprovisto de herramientas para intervenir. —Tras sentenciar aquello, el especialista real se retiró de las instalaciones.
La furia me carcomía las entrañas. Previo a requerir sus servicios, me había trasladado en persona a suplicar el auxilio de Rowan, pero se negó rotundamente a concederme audiencia. Me constaba que Laila se estaba valiendo de este escenario para presionarme con el fin de que hiciera a un lado mis proyectos con Maris.
Se trataba de una táctica baja, instrumentalizar la salud de mi madre a modo de chantaje; una verdadera vileza. Me dirigí a paso firme hacia sus aposentos y derribé la puerta de un puntapié. Laila aún no se entregaba al descanso; se encontraba redactando un documento bajo la penumbra de una lámpara de escritorio. En cuanto registró mi irrupción, contrajo el entrecejo y ordenó:
—Pearl, déjanos solos.
Una vez que la sirvienta hubo abandonado la estancia, clavé mis ojos en Laila.
—Asegúrate de que la doctora Sagewood se presente en este lugar mañana a primera hora, o de lo contrario…
Laila levantó la vista para sostener mi escrutinio.
—¿O de lo contrario qué?
Apreté las mandíbulas con fuerza.
—¡O de lo contrario decretaré tu destierro definitivo de la Manada Ironclaw! ¿Me has escuchado bien? ¡Desterrada! ¡Ningún clan en este mundo volverá a otorgarte asilo jamás!
Laila me sostuvo la mirada con total serenidad.
—¿Tus intenciones son decretar mi destierro?
La contemplé con una frialdad absoluta.
—¡En efecto!
Bajo el destello de la lámpara, la piel de Laila exhibía una blancura similar a la nieve, dotándola de una belleza deslumbrante. De manera imprevista, una sonrisa dibujó sus labios.
—Me parece perfecto. Evita postergar la decisión para el día de mañana. Ejecútala en este preciso instante. Decreta mi destierro. ¡Pero previo a eso, procede a disolver el lazo de compañeros!
Sus facciones se mostraban desprovistas del más mínimo asomo de zozobra. Por el contrario, su semblante denotaba una extraña avidez. Me resultó imposible contener un gesto de disgusto.
—Depón ese teatro de una buena vez, Laila. La única motivación que te impulsa a obstruir la intervención médica de la doctora Sagewood con mi madre es coaccionarme para frenar mis nupcias con Maris. Resulta de verdad lastimoso. De haber tenido conocimiento anticipado de la naturaleza gélida y perversa que de verdad te caracteriza, jamás te habría investido con el rango de mi Luna. Experimento un profundo remordimiento. Indiscutiblemente la ceguera gobernaba mis actos en aquel entonces.
—Bajo ese escenario, procede a disolver el lazo de compañeros, Holt. —Laila se incorporó cuán larga era, exhibiendo en su hermoso rostro una mueca cargada de sarcasmo—. ¿Acaso asumes que permanezco en la ignorancia respecto a las verdaderas motivaciones que rigen tus actos? ¡Tu negativa a disolver el lazo que nos une no obedece a un remanente de responsabilidad hacia mi persona, sino al pavor de que, en el preciso instante en que desampares a tu consorte legítima, las huestes militares te privarán de absolutamente todo su respeto! ¡Mi padre y mis hermanos encarnaban a los generales que solían liderar sus filas! ¡La única razón por la cual acatan tus directrices es porque contrajiste nupcias conmigo!



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