Perspectiva de Laila.
—¡Las condecoraciones de la victoria formal en esta contienda le corresponden de forma legítima a las virtudes de Laila!
—¡La comandancia suprema de las escuadras de lobos de guerra acorazados permanecerá bajo las directrices de la Mayor General Conlay de forma inamovible! ¡En lo que respecta a las transgresiones en las cuales incurrió la coronel Duffy al manifestar renuencia ante las órdenes de sus superiores, se decreta que se verá compelida a asimilar la imposición de 50 azotes de disciplina por vía de los oficiales al término de las campañas militares de esta demarcación! —El timbre de la voz de Samuel resonó a lo largo de las instalaciones del patio de armas de forma monumental, destilando una firmeza y autoridad reales tales que ningún alma remanente en las líneas manifestó la osadía de cuestionar su veredicto.
Desplazó sus pasos con dirección a mi ubicación en el terreno de adiestramiento, procediendo a depositar la diestra de forma sutil sobre la sección de mi extremidad superior, demarcación anatómica donde las hebras de mi pelaje de loba continuaban erizadas debido a los influjos de la indignación indómita que gobernaba mis pensamientos en el combate.
—Laila, te conmino a coordinar el retorno hacia tu fisonomía humana a la brevedad. —Articuló modulando las palabras en un susurro pausado de baja intensidad, garantizando que el hermetismo resguardara la comunicación ante los oídos del campamento de forma exclusiva.
Me mantuve inmóvil en mi sitio de combate, rehusando relajar la tensión de mis articulaciones. Confinada bajo el amparo de mis afiladas piezas dentales, las pulsaciones arteriales de la garganta de Maris registraban un dinamismo acelerado bajo las capas de su tenue pelaje de loba Beta.
De haberme permitido forzar la presión de mis mandíbulas escasamente una fracción de pulgada adicional en el patio habría contado con las herramientas necesarias para rebanar ese sutil conducto vital de forma fulminante, valiéndome del tributo de sus fluidos corporales con el único propósito de dignificar la memoria de las almas difuntas de mi clan que demandaban justicia desde los confines del firmamento.
Sutiles gotas calientes de fluidos corporales comenzaron a escurrir entre las uniones de mis dientes de forma constante. La fragancia de la sangre se percibía dotada de una indudable dulzura y agudeza en mis fauces, batiéndose con los aromas agrios derivados del pavor biológico que quebrantaba la templanza de la miliciana.
Semejante cuadro distaba por completo de infundir un atisbo de quietud en mis pensamientos beligerantes; por el contrario, operaba asemejando el impacto de una chispa incandescente precipitándose sobre los sedimentos de un depósito de hidrocarburos en las instalaciones de forma alarmante.
—¡Laila! —El timbre de la voz de Samuel adoptó una rigidez gélida y una pesadez marcial de gran consideración en una fracción de segundo de forma perentoria.
Mis capacidades analíticas desenterraron una certeza absoluta en medio del caos: me encontraba obligada de forma legítima a deponer los colmillos en este preciso instante en el patio. Los confines de mi mente se daban a la tarea de esparcir directrices imperativas: «preserva la existencia de su organismo bajo los lineamientos del hermetismo, y contaremos con las credenciales necesarias para agilizar los tratados de mesas de negociación internacionales frente a los emisarios del Reino Solantia de forma favorable; garantiza la conservación de su vida en estas trincheras, y un contingente masivo de decenas de miles de combatientes de Rydar eludirán verse arrastrados a ofrendar las existencias en las carnicerías del frente de batalla de forma estéril».
No obstante… De haber optado por interponer una distancia prudencial entre nuestras realidades geográficas en el pasado, permaneciendo apartada de las dependencias de mi fortaleza, existía la enorme posibilidad de que hubiera contado con las herramientas necesarias para amarrar la ferocidad de mis garras apelando estrictamente al cumplimiento irrestricto de las directrices militares de la corona, es verdad. ¡Pero esa mujer se había tomado la osadía de manifestarse directo frente al umbral de mi comandancia, profiriendo insultos en contra de mi honor familiar de forma tan impune!
En semejante encrucijada crucial del frente, la estampa del organismo mutilado de mi madre, los fragmentos dispersos de las extremidades óseas de las personas de mi entera confianza esparcidos entre las cenizas del patio trasero de mi fortaleza, y las trazas de mi tierno sobrino de más corta infancia cuyas estructuras de la testa nos vimos por completo privadas de localizar de forma material tras concluir la carnicería… absolutamente cada una de esas secuelas visuales del horror mutaron en un torrente de lava incandescente recorriendo las entrañas de mi ser de forma desbocada, triturando de forma fulminante la totalidad de los filtros de contención que mi fuerza de voluntad se había esmerado en estructurar.
Su naturaleza de forma legítima era acreedora a ser objeto de un exterminio definitivo de mi mano el día de hoy. La musculatura de mi anatomía forzó la sujeción de los movimientos mecánicos de forma implacable. Las piezas de mis afilados colmillos se internaron con mayor profundidad en el tejido de su garganta…
—¡Auuuuh! —Maris dejó escapar un aullido de lobo cargado de una profunda agonía física de sus fauces de forma invariable, al tiempo que las ráfagas de fluidos corporales se proyectaban en las inmediaciones del patio de armas con total nitidez.
—¡Laila! —De manera imprevista, la diestra de Samuel procedió a cubrir la sección superior de la testa de mi loba con total firmeza.
Una energía de características inéditas comenzó a internarse en las estructuras de mi organismo semejando el impacto de una ventisca glacial cayendo en forma de cascada en mi interior. Semejante desplante distaba por completo de adecuarse a los lineamientos de una maniobra de sujeción física o de catalogar bajo el concepto de una agresión marcial en el patio.
Se percibía idéntica a la fórmula de un sortilegio de apaciguamiento antiguo transmitido por las crónicas de los ancestros de nuestra raza, lavando el torrente de intenciones letales que gobernaba las entrañas de mi ser de forma fulminante. Las capacidades de mis pensamientos experimentaron una alarmante pesadez en un abrir y cerrar de ojos.
El último vestigio que mis facultades visuales alcanzaron a registrar de forma material previos a perder la lucidez cognitiva se restringió a vislumbrar el destello irregular de una figura caprichosa e inédita grabada en las profundidades de sus ojos de un tono gris ahumado.
¿Bajo qué conceptos estratégicos se explicaba el fenómeno? Al registrarse el retorno de la lucidez en mis sentidos de nueva cuenta, los horarios del reloj marchaban avanzados en medio de las horas nocturnas de la medianoche de forma ininterrumpida.
Viola en comunión con las efectividades de mi entera confianza de la academia permanecían apostadas en las inmediaciones de mi búnker, velando el transcurrir de mi convalecencia de forma solidaria.
En cuanto registraron las trazas de normalidad en mis gestos, se apresuraron a estrechar la distancia entre nuestras posiciones para interrogarme de forma apresurada:
—Laila, ¿Cómo te encuentras? ¿Las secuelas del altercado han infligido laceraciones de consideración en alguna demarcación de tu anatomía?
—Negativo —repuse, moviendo la cabeza en sentido de negación de forma parsimoniosa al tiempo que me daba a la tarea de realizar un escrutinio minucioso del flujo de las energías en los confines de mi ser.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¿Mi Alfa pretende tener dos Lunas? ¡Se acabó para mí!