Capítulo 102 —Abuelita —dijo Adrián, fingiendo verse muy lamentable frente a ella—, Olivia me quiere correr. ES muy mala conmigo.
Olivia se quedó sin palabras...
En serio, ya no entendía a Adrián. ¿Qué diablos pretendía?
Mercedes rio al escucharlo.
—Ay, qué muchacho tan ingenuo. A Olivia le preocupa que tengas mucho trabajo. Seguro piensa que perder el tiempo con esta vieja te va a retrasar.
—No estoy ocupado, abuelita, estoy de vacaciones. — Quién sabe de dónde, sacó una baraja de cartas.
Olivia no podía creerlo. En serio se sentó a jugar cartas con la abuela y hasta la obligó a unirse a la partida.
Así mataron una hora entera. Cuando Olivia y Mercedes empezaron a sentir sueño, terminaron el juego y se fueron a tomar una siesta.
Olivia no sabía si él tenía la costumbre de dormir a mediodía. Por lo general, nunca iba a la casa a esa hora; siempre estaba con demasiada energía.
Esa tarde, Olivia durmió hasta las cuatro.
Cuando despertó, todavía un poco adormilada, alcanzó a escuchar voces a lo lejos.
Al prestar atención, se dio cuenta de que eran Adrián y su abuela.
¿Todavía seguía ahí?
Se levantó de la cama, arrugó la frente y salió. Al asomarse al patio, lo vio ayudándole a Mercedes a armar un enrejado para las plantas.
Los rosales que había plantado la abuela crecían a lo loco en cuanto el clima calentaba. Con una buena estructura, las enredaderas treparían hasta formar un muro de flores.
Adrián tenía las mangas enrolladas hasta los codos y tanto el pantalón como los zapatos estaban llenos de lodo. Ya había terminado de armar la cerca de madera y ahora, muy concentrado, le ayudaba a la abuela a amarrar las ramas de los rosales.
El sol de las cuatro seguía pegando con fuerza. Él tenía el cabello empapado en sudor, cayéndole sobre la frente en un desorden.
—Abuelita, el sol está muy fuerte. Mejor métase a la casa, yo me encargo de esto —le dijo él. Ya tenía varios rasguños sangrando en los brazos.
Olivia también temía que a su abuela le hiciera daño tanto sol, así que bajó los escalones y le gritó: —¡Abuelita, ven adentro!
Ella se hizo hacia atrás y arrugó la frente.
—¡Qué asco, estás sucio!
—¿Tan rápido te doy asco? —Se paró frente a ella. Tal vez por el esfuerzo de toda la tarde, sus ojos tenían un brillo especial—. ¿Qué va a pasar cuando envejezca y me vuelva un anciano feo y arrugado?
Seguro no me vas a soportar.
—Claro que no —respondió. Porque, para empezar, no iban a llegar juntos a la vejez.
Él, sin entender el doble sentido de sus palabras, volvió a tocarle la nariz.
—Menos mal que tienes corazón.
—Adrián, hijo, ve a darte un baño rápido. Aquí hay roра limpia para que te cambies, está nuevecita —le dijo Mercedes, y luego llamó a su nieta—: Oli, ayúdale a sacar la ropa, por favor.
Olivia obedeció. A fin de cuentas, era inaceptable que se quedara así de sucio en la casa. Además, no tenía ganas de pelear con él ahí mismo; no quería arruinar los pocos días que le quedaban para disfrutar en paz la compañía de su abuelita.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)
Me atrapó desde la primera línea. Increíble es! Pero... Cerca del 620 al 670 aproximadamente es un largo sueño! Fue todo muy raro, no hacía falta 😔...
ES UNA NOVELA MUY BONITA PERO FINAL TRISTE. LA DISFRUTE, ME CAPTURO DESDE EL PRINCIPIO.ALGUNOS CAPITULOS NO LOS COMPRENDI, PERO ESTA INTERESANTE....
Excelente historia...
Cualtos faltan y hasta cuando suben los restantes ?...
Atrapante...