Capítulo 101 En otros tiempos, Mercedes le habría dicho: "Niño tonto, soy la abuela de Olivia, ¿no soy tu abuela también?" En aquel entonces, aunque sabía que el matrimonio de esos dos tenía problemas, siempre pensó que el cariño se contagiaba.
Creía que, tarde o temprano, Adrián se daría cuenta y que, si ella lo trataba con amor, él terminaría queriendo a Olivia de la misma forma. Pero ahora era obvio que Olivia no estaba bien. Aunque la chica intentara disimularlo, Mercedes la conocía mejor que nadie; la había criado con todo su amor, así que no podía engañarla. Por eso, ya no le nacía decirle esas palabras.
La abuela suspiró, pero él interrumpió esas ideas mientras acomodaba los platos limpios en la alacena.
—Abuelita, luego compramos un lavavajillas para instalarlo aquí.
Salió de sus pensamientos y sonrió.
—No te preocupes, hijo, no es necesaria tanta molestia.
—No es ninguna molestia. Aunque después se mude con nosotros a la casa nueva, la remodelación va para largo —añadió—. Ya no tengo a mi abuela, pero es como si usted fuera la mía.
De pronto, el ambiente se sintió pesado, como si alguien hubiera exprimido un limón sobre una herida abierta. A Olivia le empezó a doler el pecho, una sensación punzante y amarga que ya conocía muy bien. Para ella, ese nudo en la garganta era algo familiar.
Recordó aquella tarde bajo el sol, cuando la familia de él le arrojó un fajo de billetes en la cara; se le detuvo el corazón de esa misma forma. O cuando él, con toda su rebeldía, se rio y dijo que prefería que alguien lo mantuviera antes de volver a aceptar un solo centavo de ellos.
Luego, cuando faltó a clases tres días y lo encontró en la calle con un listón negro en la manga. En ese momento, la tristeza la golpeó todavía más fuerte. Y después, cuando regresó al salón y le dijo: —Olivia, mi abuelita murió. —Esa vez, el dolor fue como una marea que la asfixió.
*** La última vez que sintió ese vacío fue cuando Paulina se fue del país y él le confesó que se le había caído su único apoyo. Muchas veces experimentó esa punzada y siempre supo lo que era: lástima. Le dolía verlo así, tan exitoso y lleno de luz, pero escondiendo tanta vulnerabilidad y momentos difíciles que no quería que nadie notara.
Recordó aquel día de fiesta en la universidad. Todos se quejaban de la comida, pero todos volvían a casa a cenar con sus familias, incluida ella, que se fue con Mercedes. Pero él ya no tenía a dónde volver. Cuando regresó a la escuela esa noche, el aroma de las flores en el jardín era intenso.
Mercedes negó y sonrió.
—Apenas acabamos de comer, mejor camino un poco para que se me baje la comida.
—Me parece bien. ¿Qué tal si jugamos una partida de cartas los tres? —propuso él de la nada.
Olivia lo miró totalmente confundida.
—¿Todavía no te vas? ¿Qué haces aquí?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)
Me atrapó desde la primera línea. Increíble es! Pero... Cerca del 620 al 670 aproximadamente es un largo sueño! Fue todo muy raro, no hacía falta 😔...
ES UNA NOVELA MUY BONITA PERO FINAL TRISTE. LA DISFRUTE, ME CAPTURO DESDE EL PRINCIPIO.ALGUNOS CAPITULOS NO LOS COMPRENDI, PERO ESTA INTERESANTE....
Excelente historia...
Cualtos faltan y hasta cuando suben los restantes ?...
Atrapante...