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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 12

Capítulo 12 -¿Te desperté? -Adrián estaba sentado a la orilla de la cama, mirándola a contraluz.

Por un momento, se sintió desorientada. Adrián se puso de pie.

-¿No te vas a levantar a prepararme la ropa?

Se dio la vuelta en la cama.

-Búscala tú, todavía tengo sueñо.

-Ya van dos días. Dos días que no me preparas la ropa. Señora Vargas, está incumpliendo con sus obligaciones -dijo a sus espaldas.

Se giró con la intención de levantarse, pero descubrió que ya estaba de pie frente a la cama, vestido impecablemente.

-Adrián... -Ella no supo qué más decir.

Adrián se ajustó el nudo de la corbata.

-Ya, no te enojes. Hoy voy a regresar temprano para que no me esperes tanto.

Probablemente Adrián no lo sabía, pero ya no iba a esperarlo como antes...

-¿No vas a decir nada? -insistió al no escuchar respuesta.  -Está bien -respondió con indiferencia.

-Así me gusta -dijo, satisfecho, y añadió-: Esta noche tendremos visitas para cenar, así que anímate un poco. No quiero que piensen que la señora Vargas está enojada con su marido.

Conque ahí estaba la trampa... La única razón por la que quería tenerla contenta era por miedo a quedar mal delante de las visitas.

-¿Quién va a venir a cenar? -preguntó, dudando. En cinco años de casados, nunca habían tenido invitados en casa.

-En la noche lo sabrás. -Se hizo el misterioso-. Es una sorpresa para ti.

Despidió a Vianney, desbloqueó su celular y borró el mensaje del banco. En su cuenta ya tenía guardada una cantidad considerable. Había que admitirlo:

aunque Adrián no ponía el corazón en el matrimonio, era muy generoso con el dinero. En esos cinco años, no había tenido en qué gastar, así que había ahorrado lo suficiente para irse a estudiar al extranjero.

Abrió un cuaderno nuevo y escribió en la primera página: "Cuenta regresiva para dejar a Adrián: Día 30.

Depuración: deshacerme de los regalos". Después, comenzó a preparar los documentos necesarios para la visa. Como se trataba de una gira con el grupo, imprimió la información pertinente y, junto con su pasaporte, se la envió por mensajería a Carmen.

El día se pasó volando. Al atardecer, pensó en revisar unas cuantas publicaciones antes de descansar, pero no esperaba que el algoritmo volviera a ponerle en el inicio las nuevas historias de Paulina. Al abrir la imagen, vio que Paulina estaba sentada dentro de un carrito de supermercado.

No salía la persona que empujaba el carrito, solo se veían unas manos y las mangas de una camisa. Pero con eso bastaba. Esas manos eran, sin duda, las de Adrián.

Elegía toda su ropa y conocía esas mancuernillas mejor que nadie; como las originales le habían parecido feas, mandó a hacer un par nuevo y personalizado exclusivamente para él. Eran únicas.

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