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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 158

Capítulo 158 Luego, mirando la letra en la pantalla, continuaron cantando.

—Aunque todo volviera a empezar, no cambiaría mi decisión. Te elegí a ti...

—Tú me elegiste a mí, oh... Y siempre te voy a amar...

El celular de Adrián estaba sobre la mesa de centro.

La pantalla parpadeaba indicando una llamada entrante, pero el volumen de la música era tan alto que resultaba imposible escuchar el tono. Beto, que estaba sentado al lado, vio el identificador de Ilamadas. Decía "Doña Rosa". Recordó que así se llamaba la empleada doméstica de su amigo.

Echó un vistazo a Adrián, que seguía cantando, y contestó la llamada.

Por culpa del ruido, y como no había puesto el altavoz, no lograba entender bien lo que decía la mujer. Solo alcanzó a escuchar algo sobre "la esposa esto" o "la esposa aquello". Se sintió fastidiado. "¿ Otra vez esa arpía llamando para vigilar a Adri? ¡Qué tipa tan insoportable!" Beto no dijo ni una sola palabra. Dejó el celular sobre la mesa para que la música se escuchara al otro lado de la línea.

—Te voy a amar hasta el fin de los tiempos, siempre estaré a tu lado...

El celular de Rosa estaba tirado en el piso, y desde la bocina se escuchaba aquella melodía. Era un dueto, y una de las voces pertenecía a Adrián. Era inconfundible.

La mujer se arrastró como pudo para alcanzar el aparato y colgar a toda prisa. Cuando por fin logró cortar la llamada, volteó hacia Olivia. La joven estaba envuelta en una toalla, y sus ojos estaban cristalizados.

La señora lo había escuchado todo...

—Señora, discúlpeme... Soy una inútil —se lamentó Rosa, llena de culpa.

El señor Vargas la había abandonado para irse a cantar canciones de amor con esa cualquiera.¿ Cuánto debía estar sufriendo la señora en ese momento?

Todo era su culpa. Al intentar sacar a Olivia de la tina, se había resbalado. Las dos terminaron en el suelo y, para colmo, Rosa se había torcido el tobillo, perdiendo toda la fuerza en la pierna.

Que ella estuviera lastimada no importaba tanto, ipero no podía permitir que la señora pasara toda la noche tirada en el piso del baño! Por eso había llamado al señor Vargas, con la esperanza de que regresara a ayudarlas.

Sin embargo, con los nervios ni siquiera pudo sostener bien el celular. Apenas marcó, el aparato se le resbaló de las manos y, por accidente, activó el altavoz.

Olivia negó. En ese instante, lo que menos le importaba era una canción de amor.

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