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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 16

Capítulo 16 -¡Tus celos deben tener un límite! ¡Ya te pasaste! - Adrián la miraba con impaciencia, como si su tolerancia se hubiera agotado.

-No estoy celosa. -Olivia lo miró fijamente, con seriedad-. Desde el principio, lo único que he dicho es...

-¡Basta! -el grito de él la interrumpió.

Beto, actuando como el fiel escudero de Paulina, se interpuso para protegerla mientras se dirigía a Adrián:

-Ya que tu mujer no nos quiere aquí, mejor vamos a cenar a otro lado.

Adrián debía sentir que estaba quedando pésimo frente a su ex y sus amigos. Se quedó inmóvil, pero le clavó una mirada exigente a Olivia.

-Pídele una disculpa a Pau. Discúlpate con todos. No somos gente irracional; pide perdón y hacemos como que no pasó nada.

"¿Nosotros?" En los últimos días, esa era la palabra que Olivia más detestaba escuchar.

"Claro, ustedes son un grupo aparte", pensó. "No tenemos nada que ver, así que no tiene sentido sentarnos a la misma mesa".

Negó.

-No.

La expresión de Adrián se volvió seria.

-Está bien, Olivia. No te arrepientas después.

No perdió ni un segundo más discutiendo con ella. Se llevó a su séquito con la misma arrogancia con la que habían llegado, y en un instante, desaparecieron de la casa. Olivia se quedó parada ahí, observando la habitación. Hubo un tiempo en que creyó que Adrián había puesto esmero en construir ese hogar para los dos, pero ahora, cada rincón parecía tener grabado el nombre de Paulina.

Con un movimiento brusco, empujó la lámpara de pie que tenía al lado. El aparato cayó con un estruendo y los vidrios salieron volando por todas partes.

-¡Señora! -gritó Rosa, alarmada, y corrió a sostenerla, temerosa de que pisara los fragmentos.

-Perdóneme, doña Rosa, qué pena causarle este desastre. Limpie el piso, por favor. Y estas muñecas...

-hizo una pausa-. Pida un servicio de mensajería y mándelas a la oficina del señor Vargas. Que las ponga en su despacho.

-Sí, sí, claro que sí, no es ninguna molestia. -Se apresuró a contestar Rosa, sosteniendo aún el peso de Olivia.

Ella hizo un esfuerzo por ponerse de pie.

-Después prepáreme un filete con brócoli y medio elote cocido. Nada más.

Rosa no preguntó por qué iba a cenar tan poco. Solo observó su espalda mientras se alejaba, cojeando, de regreso a su habitación. Olivia no le tenía miedo al dolor.

Había bailado desde niña; con tantas lesiones y tanto sudor derramado, ¿no había habido dolor ahí también? La rehabilitación tras el accidente, cada paso para volver a ponerse de pie sintiendo que caminaba sobre vidrios... ¿eso no había dolido?

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