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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 181

Capítulo 181 En realidad, hace años, el hecho de que la considerara como a una "extraña" la había lastimado profundamente.

Sin embargo, en ese entonces era muy buena para convencerse a sí misma de que todo estaba bien.

Se repetía a sí misma: "Es lógico que me trate como una extraña, todavía no está enamorado de mí. Con el tiempo, las cosas irán mejorando..." En su ingenuidad, había creído que en su espacio personal solo existía él y los recuerdos de su abuela.

Pero resultó que no era así.

Era obvio que había alguien más en ese rincón de su vida, pero no se trataba de su abuela, sino de Paulina.

Se sumergió en sus pensamientos y dejó de prestarle atención a lo que hacían Adrián y Paulina, hasta que de pronto escuchó a su esposo:

—No te pongas así, no he dicho nada y mucho menos te estoy culpando. Solo tranquilízate y dame una sonrisa, con eso me haces feliz.

Olivia miró por el espejo retrovisor y notó que Paulina, a pesar de estar bañada en lágrimas, se iluminó con una sonrisa.

Adrián estaba consolando a la otra mujer frente a su esposa.

Para Olivia, la situación era absurda.

En ese momento, vio por el retrovisor que Paulina le lanzaba una mirada provocadora.

Lejos de molestarse, Olivia le dedicó una sonrisa que dejó a Paulina confundida.

Sin ganas de seguir lidiando con ese par, cerró los ojos para descansar durante el trayecto.

Adrián condujo hasta la comisaría. Al llegar, Olivia se bajó, ignorando la voz aguda de Paulina.

—¡Adri, apúrate a ayudar a Olivia, acuérdate de que tiene mal la pierna! —exclamó la mujer.

Ese grito hizo que todas las personas que estaban en la entrada de la comisaría voltearan a verlos.

"Vaya hipocresía", pensó Olivia. Paulina siempre se hacía la inocente; era igualita a los aduladores de Beto y Nico, los amigos inseparables de Adrián.

Parecía que los tres se morían de ganas por agarrar un megáfono y gritarle al mundo entero que ella era una lisiada que no estaba a la altura de su querido Adri.

Ya que tenían tantas ganas de ponerla en evidencia, decidió darles el gusto.

Olivia se quedó de pie en su lugar, se dio la vuelta y lo Ilamó en voz alta:

—¡Mi amor, apúrate! Me duele la pierna, ven a ayudarme.

—Olivia, has cambiado tanto que ya ni siquiera te reconozco —murmuró. Lo dijo en un tono plano, actuando como si fuera un simple bastón mientras la ayudaba a entrar a la comisaría.

El trámite para retirar la denuncia fue sencillo y lo resolvieron en cuestión de minutos.

Al salir de nuevo a la calle, Adrián dejó escapar un largo suspiro.

—De todos modos, te lo agradezco —dijo él.

—No hace falta —respondió Olivia—. A la que le retiré los cargos fue a Paulina, no a ti. Si alguien tiene que agradecerme, definitivamente no eres tú.

—¿Y cuál es el problema? Si quieres que Pau te lo agradezca, es muy fácil. Ella tiene muy buenas intenciones y siempre ha querido ser tu amiga, pero eres tú la que insiste en alejarla. Voy a decirle que venga a darte las gracías...

—No te molestes —lo interrumpió Olivia—. El mejor agradecimiento que me puede dar es desaparecer de mi vista. Se los pido de favor.

—Olivia... —Él suspiró de pesadez—. Justo de eso quería hablarte. ¿Qué necesidad tienes de hacer esto?

Te empeñas en pelear con Pau por todo. Solo colgó un adorno en mi auto, lo hizo con buena intención, y tú tuviste que meter a mi abuela en esto y echarle toda la culpa. ¿Cómo esperabas que no se sintiera atacada?

Olivia solo sonrió. Se quedó mirándolo fijamente, sin molestarse en pronunciar una sola palabra.

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