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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 187

Capítulo 187 —Ah, alguien quiere comprar estos dos conjuntos, le estoy tomando fotos para que los vea —dijo ella con tranquilidad.

—¿Estos dos? —exclamó Adrián, elevando la voz—.

Señora Vargas, está muy bien que vendas tu ropa, pero ¿tienes derechoa deshacerte de la mía?

—Era solo un complemento. —Olivia sonrió—. Mе pidieron el conjunto completo; si no incluía el tuyo, no iba a poder vender el mío.

—¡Olivia!—gritó él, enfadado. Últimamente perdía la paciencia con demasiada frecuencia.

—¿Qué tiene de malo? De todos modos no te lo ibas a volver a poner. Dárselo a alguien que sí lo use cuenta como reciclaje —se justificó Olivia—. Si tanto te molesta, te doy la mitad del dinero.

Adrián se rio con sarcasmo un par de veces, la apartó y sacó ropa limpia del clóset. Tenía mala cara.

—Hoy Beto, Pau y los demás se juntaron —reclamó—.

Regresé temprano para estar contigo. Me insistieron muchísimo para que me quedara, y aun así me negué.

Y ahora sales con esto...

Guardó silencio, dio media vuelta y salió con la ropa para cambiarse.

Desde el vestidor, Olivia lo escuchó hablar por teléfono.

—Hola, Pau, ¿en dónde están? Sí, voy para allá. ¿ Necesitan que compre algo más en el camino? Yo lo Ilevo. ¿Postre? ¿Qué clase de postre? ¿Gelatina de matcha artesanal? ¿Y eso qué es? ¿En dónde lo venden? De acuerdo, ya entendí.

Adrián se fue sin siquiera mirar atrás.

Olivia siguió hablando con el comprador. Qué molestia. Tenía los dedos envueltos en gasas, así que le costaba mucho trabajo teclear. ¡Deshacerse de la basura no era nada sencillo!

Resultó que la otra persona vivía en la misma ciudad y la dirección de entrega era la recepción de un hotel.

Lo que realmente le molestaba era que Adrián se hubiera atrevido a contarle a Paulina algo tan íntimo que solo les concernía a ellos dos como esposos.

Pero ese dolor solo duró un instante antes de desvanecerse.

Hasta cierto punto, era de esperarse. ¿No le había dicho a Beto lo mismo? ¿Que no sentía ningún interés por ella?

Aun así, una cosa era que hablaran a sus espaldas, pero ¿qué necesidad tenían de venir a provocarla?

Las notificaciones seguían llegando una tras otra.

"Por cierto, ¿sabes dónde estamos? ¡En la casa nueva que Adri me compró! También tengo bolsas y relojes muchísimo más caros. ¿Sabes quién me los regaló? i Esta vez no vas a poder recuperarlos!" También le mandó varias fotografías.

Le mostró su casa nueva y sus bolsas de diseñador.

En una de las imágenes aparecían ellos brindando y celebrando en la propiedad, con un enorme pastel que decía: "Felicidades por tu nuevo hogar, Pau".

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