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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 206

Capítulo 206 —¡Adri! ¡Adri, estoy aquí! ¡Sálvame, Adri! —gritó Paulina.

—¡Pau! ¡Tranquila! No te alteres, no tengas miedo, jya estoy aquí! ¡Ya llegó tu Adri! —exclamó Adrián con tono apremiante.

Poco después, la figura de Adrián apareció en el descanso de las escaleras del piso once.

El sudor le empapaba la ropa. Su cabello, por lo general impecable, ahora le caía sobre la frente, pegado por la transpiración.

Lo primero que hizo al llegar fue clavar la mirada en Paulina.

—Pau, ¿cómo estás? ¿Te lastimaron? —preguntó.

Paulina se limitó a llorar y a negar con la cabeza entre sollozos.

Adrián dejó escapar un obvio suspiro de alivio y se dirigió a los secuestradores con dureza.

—¡Más les vale no haberle tocado ni un cabello! —le gritó al sujeto de gris.

El sujeto de gris se rio.

—Qué interesante —comentó.

—Tranquilo, nosotros solo queremos dinero. Si trajiste el efectivo, podemos arreglarnos —dijo el repartidor.

Acto seguido, el de gris levantó a Paulina de un tirón y le colocó una navaja en el cuello.

Adrián estalló.

—¿Qué se creen que hacen? ¡Suéltenla! —exigió.

El tipo de gris sonrió maliciosamente.

—Primero tira el dinero y luego la soltamos — respondió.

—¡Primero suéltenla! —gritó Adrián.

—Ah, conque así van a ser las cosas... Entonces vamos a jugar a algo divertido. —El de gris intercambió una mirada cómplice con el repartidor.

El repartidor arrastró a Olivia desde el rincón donde la tenían.

El semblante de Adrián se descompuso en el instante en que vio a Olivia.

—¿Qué haces tú aquí? —preguntó con un tono tajante.

Olivia no dijo nada; de hecho, le resultaba imposible hacerlo porque aún tenía la boca amordazada. Pero, ¿ en serio Adrián llevaba todo este rato ahí arriba y ni siquiera se había dado cuenta de que ella también estaba secuestrada?

Era cierto que la tenían en un rincón y un par de delincuentes le tapaban la vista, pero su atención había estado solo concentrada en Paulina, ¿no?

—A ver, gran señor Vargas, ¿cuál de estas dos es realmente su esposa? —El tipo de gris se carcajeó con vulgaridad.

Adrián comprendió la situación.

Ernesto, su problemático suegro, también estaba allí.

Seguramente, al ver que no podían sacarle dinero, el muy cobarde lo había echado por delante soltándoles el cuento de que su yerno era millonario. Y claro, esta bola de maleantes había ido a secuestrar a su esposa. Lo que nadie entendía era qué clase de confusión había ocurrido para que terminaran secuestrando a dos mujeres a la vez.

—¿Qué es lo que pretenden? —preguntó Adrián, adoptando una actitud severa.

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