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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 211

Capítulo 211 Era un intento de provocarlo.

Pero Julián no cayó en la trampa.

Julián, de pie a espaldas de Olivia, se limitó a sonreír.

—La responsabilidad de un hombre es proteger a la persona que más ama, y no abandonarla en el momento de mayor peligro —declaró.

Olivia rio con un toque de sarcasmo.

—Te equivocas, el señor Vargas es todo un hombre.

A quien protegió hoy fue precisamente a la persona que más ama! —exclamó.

Dejando a un lado el título de su gran amor, la verdad era que Adrián jamás la había amado ni un poco.

Si antes intentaba engañarse a sí misma y se aferraba a salvar las apariencias porque le daba vergüenza que los demás lo supieran, ahora ya no quedaba nada por ocultar.

Adrián cerró los ojos con fuerza y, al abrirlos, su mirada reflejaba dolor.

—Olivia, no digas eso, no tuve otra opción... — murmuró.

—Claro, no tuviste otra opción. No te quedó de otra más que estar de coqueto con otra mujer, pasearte con ella como si fueran pareja hasta el punto de que los secuestradores se equivocaron de persona. No tuviste alternativa cuando, al tener que elegir entre tu propia esposa y una extraña, te quedaste con la extraña sin dudarlo. Señor Vargas, me pregunto de dónde saca tantas excusas —ironizó Julián.

—¡A ver, infeliz, atrévete a seguir metiendo cizaña! —le gritó Adrián, abalanzándose hacia él con la intención de agarrarlo a golpes.

—¡Ya basta! —gritó Olivia, furiosa.

Adrián se quedó petrificado en su sitio.

—¿Todavía tienes el descaro de venir a hacer un escándalo? —le reclamó Olivia, mirándolo con indignación—. ¿Con qué cara te atreves a lastimar a la persona que me protegió?

—¡Él... no tiene buenas intenciones! —exclamó Adrián, señalando a Julián.

—Ah, pero las tuyas sí son excelentes... —respondió Olivia con sarcasmo.

Adrián se quedó sin respuesta una vez más.

Olivia estaba profundamente agradecida con Julián por haberla salvado ese día. Él llevaba toda una caja de fresas de regreso a la capital y ya lo había retrasado bastante. No podía permitirse hacerle perder toda la tarde; tenía que alcanzar el vuelo del anochecer sin falta, o de lo contrario, todas esas fresas se echarían a perder.

Se volvió hacia Julián.

—Lo que hiciste hoy por mí no se puede pagar con un simple gracias... —expresó.

—¿Un simple gracias no es suficiente? ¿Qué más quieres darle? —comenzó a vociferar Adrián a sus espaldas—. ¡Pregúntale cuánto dinero quiere como recompensa, yo se lo pago!

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